BCCCAP00000000000000000000758

Se fue con prisas a la montaña 345 Esto sobrepasaba todo lo anterior. ¡O yo no merecía que la Virgen me atendiera, o Miguel, pese a todo lo que yo suponía, se hallaba en un lugar que... era mejor ignorar! 12 Tuve aún valor para preguntar a Mari Loli, , si la respuesta de la Virgen era mala o buena.. . No puedo ... no puedo..., y la expresión de su cara era verdaderamente impenetrable. De nuevo intentó el P. Corta ayudarme (me veía descompuesta y, sin duda, se apiadaba de mí). Preguntó a la niña: ,¿Podrás decírselo mañana? -Tal vez, se limitó a contestar Loli, encogiéndose de hom– bros.» * * * Verdaderamente, aquella su primera jornada en Garabandal estaba siendo para doña Mercedes Salisachs una jornada «de prueba», de au– téntico Viernes Santo, con sus tristezas, con sus humillaciones, con sus desconciertos, casi con su agonía... «Cuando me acosté (a muy altas horas de la noche, sin duda 13 ), tenía la impresión de haberme convertido en un bloque de hielo. La sospecha de que ni Dios ni la Virgen estaban conformes conmigo, me dejaba tan abatida como la suposición de que Miguel pudiese estar experimen– tanto algún castigo... Aunque me parecía ilógico dudar de la salvación de Miguel. Antes de dormir, fui repasando uno a uno todos los fenómenos que yo había presenciado durante las horas del día y luego por la noche, y deseaba con toda mi alma encontrar cualquier "fallo" que me demos– trara su fals edad, algo que me hiciese ver que todo aquello de Gara– bandal era pura superchería... Pero cuantas más vueltas daba a los he– chos, más auténtico me parecía todo. ¡Yo tenía que ser la que de verdad fallaba! Por eso, sin duda, no se me daba a besar el crucifijo.» No sabemos si doña Mercedes llegó a conciliar el sueño aquella no– che...; sí sabemos que el nuevo día no le trajo muchos consuelos. Los calendarios señalaban: 21 de abril, Sábado Santo. Litúrgicamente era un día lleno de moderada paz, de santa espera. La oración que se recitaba a cada hora del oficio divino, decía así: «Te rogamos nos concedas, Dios todopoderoso, que, pues aguardamos la Resurrección de tu Hijo con devota expectación, acabemos siendo algún día participantes de tan glorioso resurgir.» Nada hay, para ayudarnbs en los das difíciles, como el latido de la santa espera, de la expectación fundada en la fe. Pero en la pobre señora barcelonesa parecía haberse parado: «El Sábado Santo no fue Un día mejor. A pesar de la cordialidad que me " Cualquiera adivina a dónde apuntan estas palabras. A pesar del empeño que ponen tantos en borrar de la predicación de la Iglesia toda referencia al INFIERNO, su existencia gravita inexorablemente sobre la pers– pectiva escatológica cristiana (personal y de grupo) como la posibilidad (¿en cuántos realizada?) de un último caer en la desventura absoluta. " Ya sabemos que las noches de Garabandal no estaban hechas para el placer, ni siquiera para un cómodo descanso... Lo ordinario era que tuviesen mucho de «velas» penitenciales, con sus largos rezos, con sus esperas sin dormir, con sus «marchas», con sus incomodidades.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz