BCCCAP00000000000000000000758
344 en masa, y después, por el vía-crucis que han hecho no pocas personas ... , y su salida a la calle coincide con 1a hora en que por todas nuestras poblaciones van haciendo su recorrido, a golpe de tambor y con mú– sica de las mejores bandas, las tradicionales procesiones del «Santo Entierro» ... En Garabandal, este año, las marchas procesionales son de signo muy distinto: sin «pasos», sin música, sin cofrades; pero segura– mente vivas como ninguna. La gente va prendida, a través de esta o de la otra niña, de la órbita de ese misterio que las otras procesiones sólo pueden recordar. Continúa doña Mercedes: «El paso de la niña era ligero, armonioso, regular. Parecía como si anduviera por un pavimento bien liso y bien llano; no existía para ella lo/que todos teníamos bajo los pies: cascotes, charcos, piedras, barrizales... Como pude, yo me agarré del brazo de la niña que Loli .sostenía; pero cuando, después de detenerse a la puerta de la iglesia, la vidente emprendió la subida hacia el monte, tuve que desprenderme. No podía seguirlas: tenía la impresión de que mi corazón, disparado, iba a dete– nerse de un momento a otro. ¡Tal era la cuesta que enfilaba a los Pinos! Me quedé agotada en la falta del monte, esperando a que bajaran. Me puse a pensar. La noche 11 , hasta entonces', no había ·resultado excesivamente agradable para mí. Cuantas veces la niña daba a besar el crucifijo, lo -hurtaba visiblemente a mis labios. La sospecha de que, si aquello era verdad, la Virgen rehuía a propósito mi beso, me dolía profundamente. Cuando, al fin, llegó el descenso, vi a Mari Loli corriendo de espal– das -la vista siempre en alto-, sorteando obstáculos y socavones como si tuviera ojos en la nuca... Al entrar en el pueblo, se unió a Jacinta; rieron al encontrarse, y después daban a besar el crucifijo, y caminaban cogidas del brazo. Jacinta "despertó" a la puerta de la iglesia, pero Loli regresó a su casa todavía en trance. Fue entonces cuando busqué a Jacinta y le pregunté por Miguel. Me dijo que la Virgen no había contestado a su pregunta. Desilusionada, me fui donde Loli, que me dijo lo mismo. -¿Ha leído al menos mi papel? -Sí, lo ha leído. El P. Corta estaba allí, y al comprender mi decepción, preguntó a la niña si volvería la Virgen. -"Sí, de dos a dos treinta." Entonces el Pa– dre le recomendó que volviera a hablarle del asunto de mi hijo... A la hora anunciada, Mari Loli cayó de nuevo en éxtasis; salió de casa y se unió en seguida a Jacinta, que también andaba en trance por la calle. Dieron a besar el crucifijo a todos los que estaban allí; pero nuevamente me pasaron por alto, como si rehuyeran mis labios ... Y lo peor fue lo que dijeron al "despertar"; tanto Jacinta como Loli me dieron esta respuesta: La Virgen ya me ha contestado; pero no puedo decírselo a usted. " Era la noche santificada hacía siglos por la Soledad y el Dolor de María, que acababa de ver muerto y sepultado al mejor de los hijos.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz