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Se fue con prisas a la mcntaña 343 «Aquella misma tarde -continúa doña Mercedes- entregué a Ja– cinta unos objetos para que los diera a besar a la Virgen y, tanto a ella como a las otras tres , les hice la misma pública: "Cuando veáis a la Virgen, preguntadle por mi hijo." Creo que fue Jacinta la que indagó: "¿Y qué le pasa a su hijo?" "¡Está muerto!''; le contesté. En casa de Mari Loli se habíann congregado todos, en espera de la aparición. Yo le di un papel, escrito por las dos caras; y, al entre– gárselo, le dije: "No espero respuesta. Lo único que me interesa es saber dónde está mi hijo." (No di su nombre.) Yo ignoraba aún cómo se producían las visiones. Aunque me lo habían explicado, me resultaba difícil imaginar su realidad... Ahora, después de haber estado en Garabandal varias veces y de haber visto tantos éxtasis, sigo creyendo que no puede haber explicación posible para describir no sólo la "caída" de las videntes, su expresión y movi– mientos ... , sino el clima 9-e respeto que, pese a la calidad de algunos de los visitantes y a la costumbre de los del pueblo, se produce siempre en cuanto "llega: la aparición". A simple vista, nada de lo que van realizando las niñas parece tener sentido: sus movimientos, sus oscilaciones, sus carreras desenfrenadas, sus coloquios a media voz, su insistencia en dar a besar el crucifijo... , en una palabra, todo, al principio, causa estupor, por lo incongruente y por su apariencia de cosa sin mucho fundamento. (Hubo un sacerdote que, en su informe, aseguró que todo aquello "era poco serio", proba– blemente olvidando la poca "seriedad" que había habido también en ciertas cosas de Lourdes ... ) Sin embargo, acaba uno sospechando que nada de cuanto allí ocurre dej a de tener su significado. Lo malo es que, para comprenderlo, hay 'que "vivir" en el pueblo, por lo menos, tres días. Tan pronto se familiariza uno con las pretendidas incongruen– cias, todo se aclara; la explicación, inmediata o retardada, llega siempre. * * * Por lo que respecta a mi caso, debo confesar que, aunque deseaba mucho, esperaba poco. Había enfocado mi viaje como han de enfocarse las peregrinaciones: dispuesta a afrontar incomodidades y obstáculos. Esperando, según dije, en fa casa de Loli, no tardamos :nucho en oír el golpetazo característico de la "caída" en éxtasis; venía del piso alto. Se hizo un silencio general y al poco rato vimos bajar por las escaleras a Mari Loli, cogida de la mano de otra niña. mirando hacia arriba con expresión arrobada. No creo que ni la mejor actriz pudiera imitar esa expresión. Mari Loli se acercó a la mesa donde tenía los objetos que había de presentar a la Virgen y empezó a darlos a besar. Vi cómo tomaba mi papel, lo alzaba, lo volvía del otro lado y lo depositaba nuevamente en la mesa. Luego, agarrando la cruz, salió a la calle ... » Para mejor ambientar todo esto, no perdamos de vista que estamos en el Viernes Santo, tan extraordinariamente celebrado en España. El éxtasis de Loli tiene lugar al oscurecer, después de una tarde sant ifi– cada, primero, por los oficios litúrgicos, a los que ha asistido el pueblo

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