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342 En definitiva, yo necesitaba una prueba. Algo que me hiciera palpar que más allá de la muerte, la vida continuaba. Pero la prueba no llegaba, ni yo hacía por conseguirla. Por ejemplo, mi devoción a la Virgen era prácticamente nula. Hasta que un día, próximo a la fiesta de la Purísima, instintivamente, me enfrenté a una imagen de la Dolorosa, suplicándole que, si Miguel vivía, Ella me diese una prueba. No tardó en llegar... A partir de aquel día, ya no tuve más obsesión que la de volver a Dios. Y cinco meses más tarde, concretamente el 4 de mayo de 1959, después de una confesión general, me acerqué a Dios definitivamente, con la intención de no separarme de El ni un segundo en todo lo que me restara de vida. Desde aquel instante, todo empezó a cambiar para mí. Aunque mi nostalgia de Miguel seguía siendo enorme, y la soledad continuaba ator– mentándome, el sosiego interior era muy grande .. . El rezo del rosario dejó de parecerme "una vulgaridad" y mi devoción a la Virgen aumen– taba de día en día. De ahí que, cuando oí hablar de las niñas de Garabandal, pensara en visitar aquel remoto pueblo, no sólo por curiosidad, sino con la intención de · rendir homenaje a la Virgen, aun en el caso de que los fenómenos fueran discutibles... Aprovechando la ausencia de mi familia, que había ido a Suiza, salí de Barcelona el Jueves Santo de 1962 9 , acompañada de José, el mecá– nico, y su mujer, Mercedes. Llegamos a Cossío el Viernes Santo, a la hora exacta de mediodía, y allí conocí al párroco de Garabandal, don Valentín Marichalar. Mien– tras esperábamos el vehículo que debía subirnos al pueblo, tuve ocasión de charlar con él. .. Pese a sus comprensibles reservas, acabó confesán– dome que, en el fondo, estaba convencido de que los fenómenos que allí ocurrían eran sobrenaturales, y que las niñas eran muy a propósito, por su inocencia, para recibir las visitas de la Virgen. Eran ya las dos de la tarde cuando compareció el coche que debía trasladarnos a Garabandal. Su conductor, Fidel, nos comunicó que allá arriba el P. Corta (sacerdote jesuita llegado para ayudar a don Valentín en los trabajos de Semana Santa) se disponía a dar la comunión. Y que el pueblo en masa estaba congregado en la iglesia.» 10 Ya en el pueblo, doña Mercedes pudo ir estableciendo contacto con las videntes y sus familias, quizá por los buenos oficios del brigada don Juan Alvarez Seco, a quien, según ya vimos, fue presentada por Ceferino en el local de su taberna; también la ayudaron en esto los marqueses de Santa María, que nuevamente andaban por allí. ' En España se observan como plenamente festivos, aun a efectos civiles, medio día del Jueves Santo y todo el día del Viernes. 10 En Garabandal, como en tantos otros pueblos de España (al menos por en– tonces), Jueves y Viernes Santos eran días en que sólo se vivía para los cultos y conmemoraciones religiosas; a los «oficios» litúrgicos no faltaba nadie. Los de Viernes Santo eran a primera hora de la tarde, buscando la coincidencia con el momento en que Jesús exhaló su último suspiro.
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