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Se fue con prisas a la montaña 337 -Pues yo he pedido en el santo rosario que tú tengas vtswn esta misma noche; tengo que marcharme mañana por la mañana y necesito una prueba grande de la Virgen, y precisamente por tu medio. Efectivamente; sin comentarlo con nadie, yo había pedido que si aquello era de la Virgen, me diese una demostración palpable e inequí– voca, y precisamente en un éxtasis de Jacinta; que me ocurriese algo ¡a mí sólo! A las 9,30 de la noche, Mari Loli fue en éxtasis a casa de Jacinta, para decirle que a las doce de .la noche vería a la Santísima Virgen. Así fue. La niña salió a la calle, en marcha extática, y cada diez metros nos daba la cruz a besar a las ocho o diez personas que la se– guíamos. Yo me separé luego del grupo y la niña fue hasta la iglesia, donde rezó; y allí mismo volvió al estado normal. Como a mí no me había pasado «nada de particular», creí que mi destino no era Loyola... Pero Jacinta anunció que iba a tener de nuevo visión, a las tres de la madrugada. Y yo, esperando todavía, allá me fui, a su casa. A las tres en punto comenzó el trance y, como de ccstumbre, salió a la calle. Yo la acompañé µurante un trayecto; pero al fin me separé del grupo y me metí en la casa de Loli, que tienen taberna. Pero hacia las tres treinta entra allí Jacinta, en éxtasis, y entre las muchas personas que había, se abre paso hacia mí, me da la cruz a besar y me signa con ella tres veces ... Nadie más tuvo la dicha, en aquella ocasión, de besar la cruz. Para mí, estaba bien clara la prueba que había pedido 4 • * * * Encontré definitiva aquella llamada de ~a Santísima Virgen, y el día 19, por la tarde, estaba ya en Loyola, empezando los ejercicios espirituales en la casa de San Ignacio. Tan.emocionado llegué allá, por haber conocido por primera vez a la Santísima Virgen, que saqué los máximos frutos de aquellos días de retiro. El día tercero, en la santa misa que tuvimos en la capilla de la Conversión, al ver que los demás ejercitantes podían recibir a Jesús (en la comunión eucarística) y yo no, rompí a llorar y ... » Lo que ocurrió luego, se lo pueden suponer los lectores, sabiendo que don Máximo Foeschler recibía el bautismo según el rito católico el 31 de marzo de 1962 y el día siguiente, 1 de abril, hacía emocionado su ·primera comunión. «Por todas estas gracias especiales -confesará él- que he recibido por mediación de la Virgen, que de verdad me ha llevado en sus brazos al bautismo, y así nuevamente a los brazos del Señor, debo estar eter– namente agradecido... y no sé cómo dar al Señor y a la Virgen Santí– sima las gracias que merecen por el milagro obrado en mí.» * * * 4 Efectivamente, lo hecho por Jacinta correspondía con· todo rigor a lo que el señor Foeschler había pedido en lo más secreto de su conciencia.

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