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336 mayúscula, para indicar que no se trata de «una fe»; más o menos res– petable, sino de «la fe», la cristiana católica, la única que yo considero verdaderamente cabal..., sin que por eso desestime todas las otras, con tal ,que se muevan dentro de eso que llamamos «buena fe» y buena voluntad.) Con buenísima fe se movía ciertamente don Máximo dentro del pro– testantismo, en el que había sido educado por sus piadosos padres. Era alemán de raza y nacimiento, e ingeniero de profesión. En 1931 se había casado con · una española, católica, y llevaba ya muchos años arraigado en España; pero nunca se le había ocurrido cambiar de «con– fesión» ... : vivía piadosamente su cristianismo «protestante». Le afectó muchísimo la muerte del P. Luis M. ª Andreu, a quien había conocido y tratado desde niño .. . Por eso, no es de extrañar que un buen día se decidiera a subir a Garaoandal, con afán de conocer los lugares y personas que tanto. habían significado en las últimas jornadas del querido muerto. Según ya vimos en la primera parte, el sábado día 14 de octubre de 1961 llegó por primera vez a Garabandal, después de tener en el puerto de Piedras Luengas 2 un accidente de automóvil que pudo ser verdade– ramente trágico. No iba solo: le acompañaban su esposa, el P. Ramón Andreu, el matrimonio Fontaneda (de Aguilar de Campoo) y otros ami– gos ... Lo que vio y sintió en esa primera visita queda ya referido en su lugar: no le hizo demasiado efecto. Pero al cabo de meses, y como si tuviera pendiente alguna misteriosa cita, don Máximo se decidió a volver por el famoso pueblecito monta– nés. Oigámosle: «El P. Ramón M.• Andreu iniciaba unos ejercicios espirituales en Loyola, el 19 de marzo de 1962, y tenía mucho interés en que yo asis– tiese a los mismos. Francamente, yo tenía muchos reparos ... y pensaba qué podía hacecun protestante en un santuario como Loyola. Por eso, me decidí a volver por Garabandal, como esperando alguna solución. Llegamos allá el sábado, día 17 de marzo; éramos varios amigos de tvladrid, así como mi esposa y uno de mis hijos. Vimos un primer éxta– sis a las nueve de la noche, de Mari Loli, y observé que estaba casi por entero dedicado a m_i señora, a mi hijo y también a mí... Contar con detalle todo esto haría el relato interminable. Al día siguiente, domingo 3, a las seis de la tarde, asistimos todos al santo rosario, que p a ra mí fue de verdad emocionante. Cuando salíamos, me encontré con Jacinta, a quien no había visto desde aquella madrugada del 14 al 15 de octubre anterior. Le pregunté por qué entonces no me había dado la cruz a besar... No ne contestó. Al insistir y decirle que yo sí .lo sabía (pensaba en mi condición de pro– testante), me repitió que ella ciertamente no lo sabía. Entonces le pregunté cuándo había visto a la Virgen la última vez, y me dijo, con mucha tristeza, que llevaba ya cinco días sin verla. 2 Entre las provincias de Palencia y Santander. Es uno de los más altos de la Cordillera Cantábrica. 3 Litúrgicamente, el segundo de Cuaresma, según hemos visto en el capítulo anterior.
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