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Se fue con prisas a la montaña 335 Apenas la petición se había formulado en lo más recóndito de su conciencia, Loli se levanta del pavimento de la cocina, donde estaba arrodillada; se abre paso por entre los apretujados y asombrados espec– tadores ... , y va derecha hacia ella. La joven presiente lo que va. a ocu– rrir, una emoción indescriptible la domina; pero no tiene tiempo de pensar ni de hacer nada: Loli está ya delante y, sin mirarla, levanta certera el crucifijo hasta sus labios y se lo da a besar una y otra vez. La segoviana, corno ya no puede más, baja de su banquillo y trata de achicarse y esconderse entre las muchas personas que hay allí; pero es inútil: la pequeña vidente la s_igue, sin verla, y de nuevo, repetida– mente, entrega la sagrada imagen a sus besos. La respuesta del cielo, ¿podía ser más clara y maravillosa? Pues no quedó ahí. En lo que aún duró la jornada, cada niña que salía en éxtasis por la calle 1 , indefectiblemente, iba en busca de la segoviana, para ofrecerla, a ella antes que a nadie, la imagen del Re– dentor. Era una distinción que embriagaba y desazonaba. Si, por una parte, resultaba la mejor declaración de amor: «Como Yo te he querido, ¡des– engáñate!, así no te querrán», por otra parte implicaba una serie tal de renuncias y compromisos que no podía menos que asustar. No es extraño que aquella r:p.ujer en flor, a quien tan inequívoca– mente se pedía el don total de sí misma, pasa:-a unas horas de emoción nunca sentida. Había llegado a Garabandal acompañada de su madre; ambas encon– traron hospedaje en casa de Piedad, que les cedié> una humilde habita– ción. Ya bien entrada la noche, se retiraron a ella y se acostaron. Pero aquellas pocas horas de cama no fueron precisamente horas de sueño; al menos para la hija, que no cesó de llorar. .. La madre, que no podía conocer lo que a la hija le había ocurrido por dentro, comentaba al día siguiente: «Algo muy gordo ha tenido que pasarle.. . ¡En toda la noche no ha parado de llorar! Y yo no me acuerdo si la he visto llorar alguna vez.» * * * La joven de nuestro relato (puedo decir todos sus datos personales) hace ya años que vive su consagración a Dios en una congregación religiosa... Y no puede ni quiern olvidar que su camino hacia Dios pasó decisi– vamente por el lejano y controvertido puebluco de San Sebastián de Garabandal. Encuentro con la fe Poco después de que la «señorita X» del relato anterior se encon– trara así con su vocación en Garabandal, le llegó a don Máximo Foesch– ler la hora de encontrarse allí con la Fe. (La escribo de este modo, con 1 Ya hemos visto en el capítulo anterior cómo ese día 18 de enero tuvieron tam– bién aparición Jacinta y Mari Cruz.
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