BCCCAP00000000000000000000758

332 El día 26 escribía también Maximina al doctor Ortiz: «Me parece que les dije en carta anterior que Conchita iba a mar– charse esta semana... ; pues ya dice que no quiere marchar. Parece que, por ahora, ya han dejado lo del viaje (al colegio de León). Un día de éstos, por la noche, Jacinta creo que tuvo un éxtasis muy emocionante; le duró dos horas y pedía con insistencia un MILAGRO. Decía: "Yo no me quiero ir del pueblo.. . Mira: ¿sabes lo que nos decía Maximina? Que ella, aunque le fueran cortando en pedazos, no se iba. ¡Yo tampoco me quiero ir! ... Anda, haz un MILAGRO ... Vete llamando a toda la gente, como nos llamas a nosotras, para que vengan aquí to- dos; y, una vez que vengan, que haya MUCHOS RESPLANDORES.. . Sí, ¡haz un MILAGRO! ... ¿Le vas a hacer?... ¡No te pongas seria! ... " Era de noche -yo no estaba- y había poca gente, pero dicen que los que había, lloraban. Sería como a las 8,30, que en este tiempo ya es de noche, y dicen que le veían la cara como si fuera de día. A mí me lo bajó a contar una chica toda emocionada: decía que ella ya no quería ver más. Y, por lo visto, también María Dolores decía: · "Haz un milagro, para que no nos lleven de este pueblo. Di que no me vaya. Anda, dime otra vez que no me vaya, que yo no me quiero ir... ¡Anda, haz un milagro! Bueno, bastante milagro es que cuando me vine aquí, estaba nevando, y ahora hace sol..." Claro: ellas, en éxtasis, lo ven todo con sol.» * * * «Mientras el invierno va pasando ... » hemos titulado este capítulo, y ahora nos encontramos con que en el inicio de la primavera la aventura maravillosa de Garabandal toma un ritmo como de pleno relanzamien– to. Algo así como si por aquellas alturas un suplicar misterioso hubiese venido a repetir, para la criatura sin par, que está en el cielo y no puede desentenderse de la tierra, los viejos apremios bíblicos: «Mira: el invierno ya ha pasado, las lluvias están de retirada; aparecen flores en el suelo, comienza el tiempo de las canciones, ya el arrullo de la tórtola se deja oír por nuestros campos... ¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y ven! Muestra tu semblante, deja oír tu voz: porque tu voz es dulce, y lleno de gracia tu rostro» (Cant. 2, 11-14).

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz