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Se fue con prisas a la montaña 327 y estudios en un colegio de aquel pueblo, con la condición de que no volviera a ver a la Virgen, ya que esto podría traer quebraderos de ca– beza con el arzobispo de Oviedo. La niña no había leído la carta, pero sí su madre; ésta puso otra vez la carta dentr:::> del sobre y le dijo a la niña que preguntara a la Virgen, qué tenía que contestar. Mari Cruz no quería hacerlo y costó trabajo lograr que cogiera la carta. Apenas la tuvo en su mano, salió para la Calleja, se arrodilló en el sitio de costumbre, sacó la carta -en éxtasis- y la enseñaba, mirando el sobre al revés y preguntando: "¿ Qué le digo... ? ¿Que te seguiré vien– do... ? ¿Que es un sitio bueno... ? Hace ya mucho que no voy con las otras tres ... "» Sólo podemos hacer conjeturas sobre lo e.icho por la Virgen a la niña; en cambio, está bien claro que los intentos de llevar del pueblo a las videntes no apuntaban sólo hacia León. Y claro también, q1:1-e Mari Cruz sufría no poco porque estaba algo marginada en la marcha de aquellos especialísimos fenómenos. El día 14 de marzo fue Conchita la que presentó una escena digna de ser filmada, por su «sabor»: «6,30 de la tarde. Conchita quería estar a solas y se fue detrás del lavadero, donde quedó en éxtasis. De allí subió a los Pinos, y cogiendo una de las albarcas que llevaba, empezó a decir: "Traigo las albarcas 22 en la mano, y las zapatillas, toas remendadas... Ando buscando el burru. ¿Onde está... ? ¿En la cuadra?" Quería persignarse con la albarca en la mano y se daba muchos golpes en la cara. Después exclamó: "¡Qué buen día está hoy... ! Que se haga de noche y siga el sol. Y también, que nieve, para hacer santos 23 y pa navegar... "» Este mismo día 14 de marzo afloró de nuevo en el hablar extático de las niñas la ya vieja súplica de que se produjese un gran milagro como prueba y remate de todo aquello. Fue Jacinta quien lo pidió: ¡Anda! Haz ya el milagro, que la gente, así. lo cree. Esa petición de un milagro se estaba haciendo apremiante, porque pasaban los meses y no ocurría nada que pareciese decisivo. En una carta de Maximina González a doña Asunción Pifarré, fechada el 7 de marzo, leo: «La otra noche, Jacinta y María Dolores pedían un milagro, como siempre. "Anda, haz un milagro ... ¡Anda! ¿Le vas a hacer? Anda, que vengan resplandores. Anda, que la gente no cree. ¡Haz un milagro para que crean todos ...!" Cuando se les pasó el éxtasis, les decíamos que qué les había dicho la Virgen. Y decían que cuando le pedían así .el milagro, Ella se reía (sonreía).» Seguramente las niñas no hubieran insistido tanto en semejante petición, si de arriba no se les hubiera dado repetidamente a entender, que al final vendría una gran «prueba», que dejaría fuera de duda, para las almas rectas, la verdad sobrenatural de todo aquello. «Ya creerán, ya creerán», solía replicarles, en tono profético, la misteriosa aparición. 22 «Albarcas», como dicen por muchos pueblos de Santander, es lo mismo que abarcas; por tierras de Asturias y León se llaman «madreñas». Se trata de un exce– lente calzado de madera, el mejor contra el barro y el agua. 23 Se refiere, sin duda, a hacer figuras con la nieve.
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