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Se fue con prisa.s r., , · 325 y debe ser propagado para salvación de los pecadores y preservación de la humanidad de los peores castigos con que el buen Dios está amenazando. Sólo os doy un consejo: REZAD y haced REZAR, porque el mundo está sobre el comienzo de la perdición. No creen en vosotras, ni en vuestros coloquios con la Blanca Seño– ra... Creerán cuando sea demasiado tarde."» He aquí algo, repito, que tiene no poco de extraño. Valdría la pena contar con más información, para saber a qué ate– nernos. Esa carta, ¿procedía verdaderamente del P. Pío? ¿Dónde está el original? ¿Está fielmente hecha la traducción que guarda el doctor Ortiz y que hemos copiado? En caso afirmativo, ¿ qué alcance puede tener eso de «Yo estaré con vosotras hasta el fin de los tiempos, y vosotras estaréis conmigo en el fin del mundo»? En esta segunda edición de nuestro libro podemos ya añadir algo para esclarecer el intrigante tema. El 9 de febrero de 1975 el equipo responsable de la revista neoyor– kina «Needles», que dirige Joe Lomangíno (bien conocido en los círculos de Garabandal), hizo una entrevista a Conchita González, ya casada y residente en aquella tierra norteamericana. Preguntas y respuestas fue– ron grabadas en magnetófono. -Conchita: ¿se acuerda usted de algo, a propósito de esa carta que se dice recibió del P. Pío? -Ustedes saben., que tengo momentos en que me acuerdo bien de muchísimas cosas de las apariciones, y tengo momentos en que apenas me acuerdo de nada... Acerca de lo que ahora me preguntan, sí recuerdo que red.bí por correo una carta dirigida a mí y a las otras tres, Jacinta, Mari Loli y Mari Cruz. Yo quedé extrañada de lo que decía, y como venía sin firma, la guardé en mi bolsillo hasta el momento de la aparición. Cuando apa– reció nuestra Santa Madre, yo le enseñé la carta... y le pregunté de quién era. Nuestra Santa Madre contestó que venía de parte del P. Pío. Yo no sabía entonces quién era el P. Pío, y no se me ocurrió pregun– tar más . Después de la aparición, estuvimos comentando lo de la carta; y en– tonces un seminarista que estaba allí me explicó quién era el P. Pío y dónde vivía. Yo le escribí, diciéndole que cuando hiciera alguna visita a mi país, me gustaría mucho verle... Me contestó con una breve carta, en que decía: «¿Crees tú que yo puedo salir y entrar por las chime– neas?» A mis doce años, yo no tenía ni idea de lo que podía ser un monasterio. -¿Se acuerda usted del contenido de esa carta que mostró a la Virgen? -No me acuerdo bien de todo; pero sí recuerdo bien su comienzo: «Queridas niñas de Garabandal, esta mañana la Santísima Virgen me ha hablado de vuestras apariciones ... » También recuerdo que decía:

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