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Se fue con prisas a la montaña 321 a la ventana, con sus manos unidas ante el pecho... Muy pronto dijo: Conchita, dice la Virgen que le pidas el crucifijo al Padre. Yo era el único sacerdote presente, por lo que la cosa iba cierta– mente por mí. Entonces me dije: Como no vengas tú por él, yo no suelto el crucifijo. Y me quedé de pie donde estaba (junto a la puerta de entrada a la cocina), con las manos en los bolsillos. He de advertir que fue una cosa rara que tuviese conmigo el cruci– fijo, no era esa mi costumbre; pero aquel día lo había metido en el bolsillo. Entonces lo apreté fuerte en mi mano derecha, y me dispuse a ver qué pasaba. Conchita no debió de entender el encargo de Loli, porque 'no se movió. Entonces Loli, que estaba junto a la ventana, de espaldas, giró sobre sí misma, y se abrió paso hacia mí. Se me quedó frente a frente, y sin bajar su mirada, ,con gran agilidad y un bellísimo movimiento de su brazo derecho (digno todo ello de ser filmado), introdujo su mano derecha en mi bolsillo de la misma parte, cosa que no resultaba nada fácil, y debo añadir que con mi mano dentro del bolsillo de la sotana, no había posibilidad alguna de que otra mano entrara en él, por pe– queña que fuese esa mano. Pues ella lo hizo con una suavidad pasmosa me fue abriendo los dedos que yo tenía cerrados sobre el crucifijo, y fue entonces cuando yo me rendí, diciendo con toda mi alma: ¡Tómalo, tómalo! No necesito más prueba. Mi emoción no me impidió advertir que si otras veces las manos de las niñas perdían calor en el éxtasis, esta vez la mano de Loli conser– vaba su cator natural. » Como resumen de temporada, .. podemos transcribir la carta que Conchita dirigió al citado señor cura el día 15 de febrero: «Apreciable señor: Desde que se marchó de aquí, no hemos vuelto a saber nada de usted; no sabemos si es que se fue ·disgustado o es que está enfermo, como por aquí hay tanta gripe... Hoy mismo está nevando; yo vengo ahora de rezar el rosario en el "Cuadro", y anoche, a las 8, tuve allí aparición; granizaba muchísimo; pero yo lo veía todo escampado, no tenía nada de frío; mi mamá estaba temblando como una hoja... Las apariciones siguen lo mismo. María Dolores tiene muchas, unos días, más, y otros, menos; pero la ve todos los días. Mari Cruz, en la semana, no la tiene un día o dos, los otros días la ve. Jacinta la ve el día 18, que hace un mes que no la ve. Mari Cruz y yo la tenemos hace una temporada en el Cuadro, pero no todos los días a la misma hora. Loli la ve por el pueblo, por las casas, y en los Pinos de las apari– ciones... Ya no le puedo contar más.» Se piensa en un trasplante Este florecer diario de lo maravilloso en Garabandal pareció alcanzar plena sa~ón por el 18 de febrero, cuando también Jacinta quedó incor– porada a tan sorprendente «juego».

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