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320 nueve de la noche, Mari Loli salió de su casa en éxtasis; fue a casa de Leoncio, que estaba de cuerpo presente, y dio a besar el crucifijo a las personas que estaban por allí (casi todo el pueblo); rezó ante el cadá– ver una estación y luego marchó y aún entró en algunas otras casas.» Vuelve la sorprendente «normalidad» Durante está temporada -finales de enero y unas semanas de fe– brero-- Mari Loli, Mari Cruz y Conchita ya tienen de nuevo «aparición» como «antes,,, es decir, en forma habitual. .. Cada una de ellas, con su propio estilo; y también cada día, con su propia y pequeña historia. Pero hay mucho de común en la _actuación de las tres videntes y en la historia de todos los días: dar a besar objetos a la Visión, dar a besar el crucifijo a los circundantes, visitar la iglesia y también las casas, rezar en el «Cuadro», subir a los Pinos ___ Del día 31 de enero tenemos una «historia» detallada: «A las ocho de la mañana, Conchita fue al Cuadro de la Calleja para rezar el santísimo rosario, quedando allí en éxtasis; bajó luego para el pueblo, y al pasar por la fuente cayó hacia atrás, pegándose fuertemente con la cabeza en el suelo; todos los presentes temieron que se hubiera hecho mucho daño; sin embargo, al término del éxtasis, dice su madre, no le encon– traron ni siquiera un chichón.» Este relato del brigada de la Guardia Civil, queda confirmado y ampliado por el cura de Barro, don José Ramón G. de la Riva: «Yo estuve allí presente, e hice fot@grafías del éxtasis de las 8,30 de la ma– ñana: en el "Cuadro", a la puerta de la iglesia y en el sitio donde Con– chita cayó hacia atrás, dándose un fuerte golpe con la nuca sobre una piedra que había en el suelo. El sonido fue brutal, y la madre de Con– chita y las pocas personas que la acompañábamos -todas mujeres del pueblo, menos un servidor- dimos un grito, creyendo que se había desnucado. Al principio, Conchita, tumbada en el suelo, quedó seria, y como oyendo a la Visión; luego comenzó a reírse, con lo que Aniceta y las demás mujeres se serenaron. Un servidor tocó entonces la cabeza de la niña, y no noté nada anormal. Después del éxtasis volví a tocarle la nuca, y tampoco encontré nada. La niña, extrañada, me preguntó por qué le tocaba así la cabeza; cuando se lo dije, se limitó a sonreír.» Del 1 de febrero es lo que relata el mismo don José Ramón en sus memorias (en la edición francesa: IX, núm. 6): «Recuerdo oue estaba Loli extática en la cocina de Conchita, y desde la ventana daba a besar el crucifijo a las personas que se agrupaban fuera .. . Aquel crucijifo era propiedad de una señora allí presente, dentro de la cocina;· ella tenía miedo de perderlo, pues lo consideraba, naturalmente, como una pre– ciosa reliquia. Por eso no hacía más que pedir su crucifijo; tan impor– tuna se puso, que Conchita exclamó: "¡Qué mujer más impertinente! ¡Dádselo de una vez, y que se vaya!" Efectivamente, se lo quitaron a Loli de la mano y se lo dieron a la señora, que marchó n:iuy contenta y feliz; Loli se quedó entonces frente
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