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318 »Había un chico de fuera, que por lo visto iba poco a la iglesia, y ella le siguió mucho en el éxtasis, y le persignó dos veces, hasta que el chico terminó llorando. Después tuvieron aparición Loli y Mari Cruz, y anduvieron mucho las tres juntas; traían muchas cadenas al cuello de unos y de otros, para que se las besara la Virgen... Esa misma noche pidieron mucho por todos los enfermos, más en especial por los que les mandaban pedir... » El señor párroco añade algo que tal vez no carezca de interés para ciertas personas: «Según me informaron, pues yo estaba ya en la cama, Mari Loli tuvo aparición a las dos de la noche... y terminó a las 2,30. Anteriormente, estando la niña en estado natural, le habían dicho que había allí un pintor, que quería pintar a la Virgen... ; pues bien, du– rante la visión se oyó decir a la niña: "Hay aquí un pintor, que te quiere pintar... Pero con lo guapísima que Tú eres, ¡qué fea te va a sacar!"» El pintor de marras era el señor Calderón, de Santander, bien cono– cido en la capital montañesa, y no sólo por sus realizaciones pictóricas. A partir de esta fecha, las «apariciones» volvieron a estar a la orden del día, con excepción de Jacinta, que hubo de pasar su mes de «prue– ba», como le habían anunciado. · Del día siguiente, 28 de enero, es esta anotación del doctor Ortiz: «Conchita, en éxtasis, se unió con .María Dolores en el pórtico de la iglesia; allí empezaron el rosario, y de allí fueron a casa del tío Leoncio (un viejuco del pueblo que estaba inconsciente y casi moribundo). Se arrodillaron junto a él, rezando, e intentaban inútilmente hacerle besar el crucifijo que llevaban en la mano; continuaron rezando... y, de re– pente, el enfermo, que recupera el conocimiento y contesta a los rezos, cosa que nos asombró a todos 11 ; las niñas volvieron a darle el Cristo, que él entonces besó, y luego dijo: "Yo rezo, porque tengo fe." Y perdió de nuevo el conocimiento. Con las mayores muestras de alegría, las niñas se levantaron y salieron.» 12 11 El doctor Ortiz considera como «milagroso», o muy cerca del milagro, que el pobre viejo, tan acabado y enfermo, reaccionara así; se encontraba en auténtico «coma». 12 «Conchita y María Dolores estuvieron juntas dos horas de aparición. Hay aquí un señor que está enfermo, y además está foco (es muy anciano): fueron donde él, y mire, era digno de verse lo que hacían con él; le dio la manía de que no quería besar el crucifijo (era un señor muy bueno), y ellas, como no quería besarle, rezaron una estación con él y también seis Padrenuestros por todos los enfermos: él rezaba bien, pero el crucifijo no le hacían besar, y a las niñas les caían unas lágrimas gordísimas... Después, siempre en éxtasis, salieron y fueron derechas a Los Pinos. Rezaron allí un poco, y bajaron, y anduvieron otra vez por el pueblo, y volvieron a subir. Eran ya las 9,30 de la noche, del todo oscuro, y si ustedes viera~ por dónde subían, quedarían pasmados.. . Después bajaron a toda velocidad, y teníamos que apartarnos, porque ¡ era una velocidad! Ya saben us– tedes cómo bajan : con la cabeza echada para atrás, sin ver nada. Anduvieron de nuevo por el pueblo, y ,fueron a cantarle unos cantares a Mari Cruz, que como no tenía aparición se había ido a la cama... » (De la misma carta de Maximina a la familia Pífarré, 30 enero 1962.)

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