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Se fue con prisas a la montaña 317 anime a que vengan, que quiere que vengan. A lo mejor en estos días les escribe ella, aunque es muy perezosa.» Parece que desde mediados de enero empezaron a menudear otra vez los trances, al menos para Mari Loli. Así lo escribe Maximina en esa carta: «Por aquí hay también mucha gripe... Ahora todos los días hay aparición. María Dolores lo ve muchísimo. El miércoles tenía yo durmiendo en casa a don José Ramón, el sacerdote de Llanes (Barro), y a las tres y media, que llaman a la puerta: me levanto corriendo, y era Loli, en éxtasis; me da el crucifijo a besar, y después se lo da seguido a los nenes 9 • Después sube al piso de arriba y se arrodilla ante el cuadro de mi marido; estuvo como cinco minutos rezando ante él, que en paz descanse; y después se da la vuelta, de rodillas, y va a dar a besar el crucifijo al señor cura, que estaba en la cama; salió de la habitación y fue a dárs.elo a mi padre. Después que se fueron, el señor cura se levantó, y nos fuimos a acompañarles por el pueblo hasta que terminó.» Esto que Maximina cuenta en su carta del 20 .de enero, sobre la visita nocturna de Loli a su casa, coincide asombrosamente con lo que refiere el cura de Barro, don José Ramón García de la Riva, en sus memorias (apartado XIII de la edición francesa); sin embargo, él expre– samente sitúa el suceso de ·que habla en una noche de agosto, es decir, siete meses más tarde de la fecha que tiene la carta de Maximina. Sor– prende la coincidencia en el hecho y desconcierta la disparidad en su datación. ¿Es que alguno de los narradores se ha equivocado, o es que se trata de dos sucesos distintos? 10 El relato de don José Ramón tiene particular interés por la abun– dancia de pormenores y porque él presenta la visita nocturna de Loli a casa de Maximina como una respuesta a algo que él mismo había pedido mentalmente antes de acostarse, es decir, .como una «prueba» de la verdad sobrenatural de aquellos extraños fenómenos. * * * Al fin, llegó para Conchita el esperado día 27. Tuvo «aparición» ... Dicho día anotó don Valentín (por lo menos está en su colección de notas): «Conchita entró en éxtasis en su casa a las 6,30 de la tarde; salió hacia la iglesia, donde dio a besar a la Visión medallas y rosarios que le habían entregado para eso; luego, en el mismo estado, los devolvió a sus dueños sin equivocarse en nada. Terminó a las 8,20.» Nada más. Pero una carta de Maximina, dirigida como tantas otras a la fami– lia Pifarré, y fechada el día 30, da más detalles.: «Ya saben que el día 27 tenía aparición Conchita. Vino mucha gente, de Madrid, de Barcelona, de Valladolid, ¡qué sé yo!, de muchos sitios. Tuvo una aparición linda. Visitó en éxtasis a todos los enfermos. . • Maximina era tía y madrina de Conchita; había enviudado muy pronto, quedán– dole de su matrimonio dos hijos, niño y niña. El niño es ahora un joven semina– rista, que estudia en Comillas (Santander). 10 Después de escrito esto he dado con una riota de don José Ramón (en sus memorias), que dice: «Esto de visitarme en la habitación donde yo qormía, me ha sucedido dos· veces: ésta que acabo de relatar, a las 3,45 de la madrugada, y otra, también de madrugada, que fue a las 4 menos 10.»

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