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312 A mí, por Semana Santa, me mandó (la Virgen) que fuera a las cinco de la mañana, y así fui, porque la Virgen siempre quiere que hagamos penitencia.» Con esos rezos penitenciales se santificaron las últimas jornadas de 1961 y con ellos se empezaron a santificar las semanas primeras de 1962. El día 3 de enero escribía Jacinta al señor cura párroco de Barro, don José Ramón García de la Riva: «En este momento llegamos de re– zar el rosario a la Virgen, Mari Cruz y yo. Ayer tuvimos una mañana muy mala: bajaba una calleja de agua, que casi no podíamos ahincar– nos... Ahora, en lo que no nieve, todo va bien.» Con este torpe lenguaje, la niña quiere decir que su «rosario de la aurora» en el oscuro despertar del segundo día del año había estado acompañado por un fuerte temporal; la lluvia descargaba tan impla– cable sobre aquellas alturas, que el agua bajaba en arroyo por la Ca– lleja, y las madrugadoras orantes no tenían dónde hincar las rodillas 1 • ¡Qué cuadro de oración penitencial y mañanera! ¡Qué rosario aquel, tan incómodamente arrullado por la sinfonía monótona y amplísima del aguacero! Y así, mientras pasaba el invierno -duro invierno de montaña-, se mantenía encendida en los corazones la sagrada llama de la espera. * * * Seguramente en orden a esto de dejar encendida la llama para todo el nuevo año (que se presentaba con tantos interrogantes), ya el mismo 1 El doctor Puncernau {Ricardo), prestigioso neuropsiquíatra de Barcelona, refiere en su último folleto: Fenómenos parapsicológicos de Garabandal : «Ceferino era un hombre un poco brutote a fuer de sincero. Fue él quien me contó lo que sigue. "Era en invierno. No había ningún visitante en el pueblo. Había una ligera ventisca y hacía mucho frío. ..· Hacia las tres de la madrugada oí a Mari-Loli que Se levantaba y se vestía. -¿Dónde vas ahora...? -La Virgen me llama al cuadro.. . -¿Estás loca, con el frío que hace.. . ? -La Virgen me llama al cuadro.. . -A ver si te saldrá algún lobo... Haz lo que quieras ... , pero ni tu madre ni yo te acompañamos... Mari-Loli se acabó de vestir, abrió la puerta de la casa y se fue hacia el cuadro. A unos doscientos metros del pueblo. Si yo hubiera estado seguro que era la Virgen... , yo no me hubiera movido de la cama...; la Virgen hubiera cuidado de ella... Pero como no estábamos se– guros, nos levantamos mi mujer y yo y nos encaminamos hacia el cuadro. La encontramos en medio de la ventisca, de rodillas, en trance. Hacía un frío de mil demonios. Pensando encontrarla helada, le rocé las mejillas. Estaba calentita, como si no hubiera salido de entre las sábanas de la cama. Nos tuvo más de una hora allí. Muertos de frío. Mientras ella seguía tan cam– pante, hablando con su Visión. Por lo visto la Penitencia la teníamos que hacer los padres..." Más o menos esto es lo que me relató Ceferino una noche, sentados en un banco de su taberna.»
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