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Se fue con prisas a la montaña 309 El ángel, muy normalmente, da la comunión a la primera de la fila, mientras Jacinta, la siguiente, levanta su cabeza, abre la boca y pone la lengua en disposición de recibir. Pero el ángel, muy anormalmente, como si ella no estuviera allí, pasa con el Cuerpo del Señor a la tercera... La pobre criatura, al darse cuenta de aquello, abre desmesurada– mente los ojos hacia el ángel y rompe a llorar. Todo en ella se hace un angustioso «¿Por qué? ¿Por qué?» No se explica por qué el ángel le ha negado así la comunión. · La explicación (y la lección) viene inmediatamente: ¿no se acordaba ya ella de la mala contestación que había dado a su madre con motivo de ... ?, ¿qué les había dicho tantas veces la Virgen? Había que hacer más para vencer aquel genio, aquella falta de sumisión, aquella manera de hablar... No se podía recibir al Señor de cualquier manera. Jacinta, llorosa, lo reconoció -¿qué otra cosa iba a hacer?- y cargó resignada con aquel castigo de quedarse sin la eucaristía, tan doloroso en unas circunstancias así. Cuando regresó a casa, su madre conoció en seguida que a la niña le había ocurrido algo: ¡volvía tan distinta de otras veces ... ! -Pero.. ., ¿qué te ha pasado? -El ángel no me ha querido dar la comunión (y las lágrimas aso- maron nuevamente a sus ojos). -¿Y eso? -Por una mala contestación que te di y, de la que ya no me acor- daba. Tampoco ella, la madre, se acordaba ya; pero ante Dios las cosas no pasan tan fácilmente: los pecados no se borran con un simple olvido, sino con un sincero arrepentimiento y el paso '-de estricta necesidad para cierta clase de ellos- por el sacramento de lá Penitencia 6 • «El ángel no volvió a darme la comunión -dice Jacinta- hasta que me confesé.» ¡Buena lección[ Podemos estar seguros de que su falta no alcan– zaba la categoría de pecado mortal y, por consiguiente, no había nece– sidad estricta de confesión; pero -es que la comunión exige mucho, especialmente en personas muy favorecidas con dones de gracia: éstas no se pueden abandonar al descuido, a un ser buenas «poco más o me– nos»; se les pide un serio esfuerzo de enmienda o mejorfa. A la luz de tal episodio, que ·nunca se le podrá olvidar a la prota– gonista, no es difícil caer en la cuenta de lo que estiman allá arriba ciertas actitudes o «doctrinas» que hoy van ganando a no pocos de los nuestros aquí abajo: «no hay que relacionar tanto la confesión sacra– mental con la eucaristía..., se puede comulgar normalmente sin pasar por el confesonario: esto último tendrá sentido en el caso, muy raro, de pecados gordísimos, pero en la vida corriente... no hay que exagerar la necesidad de limpieza para comulgar... y, en todo caso, con la abso– lución general que se da en c.iertos momentos de la liturgia, ya está 6 Todo esto me lo ha confirmado recientemente el mismo Simón, padre de Jacinta, quien añadió que alguna otra vez había comprobado él personalmente, como testigo presente en comuniones místicas de las tres -Jacinta, Conchita y Loli-, que el Angel dejaba a una u otra de ellas sin comulgar (se veía por sus gestos o movimientos), y siempre era como castigo por alguna falta cometida.
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