BCCCAP00000000000000000000758
308 que cómo el ángel le iba a dar la comunión, sabiendo que él iba a venir y que podía muy bien dársela... Pero yo creo que en la actitud del ángel, que se adelantó, no hubo más que delicadeza, mirando por el bien de la niña, a la que aguardaba un largo y pesado día.» Aniceta, la madre de Conchita, que tantas cosas podría referir, se acuerda bien de algo que· le tocó vivir directamente. Era por el buen tiempo y había mucho que hacer en el campo... De mañana salió con Conchita, preparadas las dos para la larga tarea; pero antes de dirigirse al lugar del trabjo, subieron a los Pinos, pues Conchita ten{a allí cita con el ángel para recibir la comunión. Recogidas y silenciosas, esperaron en aquel Jugar tan inolvidable ... Pasaban los minutos y el ángel no venía. La madre, siempre un poco viva de genio, empezaba a impacientarse. Era algo desacostumbrad.o en ella pasar un rato mano sobre mano... ; y entonces la contrariaba más, pues ¡con todo lo que había que hacer! ... Al final, le dijo a Conchita: «Bueno, vamos; creo que ya hemos esperado bastante; estamos perdiendo el tiempo y hoy tenemos mucha faena.» La hija suplicaba: « ¡Espera un. poco más, mamá! El ángel cumple siempre lo que dice. No sé cómo se retrasa hoy... » La madre accedió a regañadientes; y en esto, que se le ocurre mirar hacia abajo, hacia el pueblo, y con su buena vista de mujer de campo, distingue clarísimamente ante fa puerta de su casa, llamando, la figura de un fraile franciscano ... Se vuelve rápidamente a su ·hija, diciéndole: «Ya está todo explicado, no perdamos más el tiempo aquí. Mira ahí abajo: ya tienes quien te dé la comunión. ¡Por algo el ángel no venía!» Bajaron apresuradamente, ·alcanzaron al Padre y fueron con él a la iglesia, donde recibieron de sus manos la comunión 5 • · * * * Más de una vez, estas comuniones por ministerio angélico fueron ocasión de grandes lecciones para las niñas. Jacinta ·no olvidará nunca una que recibió bastante pronto... Aquel día estaban citadas en. el mismo lugar, ella, Loli y Conchita. Las tres se arrodillaban en fila ante el ángel; Jacinta en el medio. Y todo empezó a marchar como de costumbre: unas palabras intro– ductorias del ángel sobre lo que iban a hacer, el «Yo pecador» de las niñas, «Este es el Cordero de Dios... », «Señor, yo no soy digna... ». 5 Parece que esto ocurrió en la ·mañana del 20 de junio de este año 1962, pue:; entre los papeles del doctor Ortiz he encontrado un breve apunte sobre lo ocurrido el día 19, que dice así (habla la cuñada _élel doctor, Eioísa): «En la mañana del día siguiente acompañamos a Conchita a los Pinos, donde esperaba recibir la comunión por el Angel. Rezábamos, esperando... Pero se demo– raba mucho. Su madre se acercó entonces a la ladera y vio delante de su casa a una persona, que le pareció sacerdote. "Parece que trae cordones blancos", dijo. »Conchita, al oír esto; se apresuró a bajar, siguiéndola quienes la acompañá- bamos. · »Efectivamente, era un padre franciscano, el P. Félix Larrazábal, ya fallecido. Era entonces superior de la casa franciscana de San Pantaleón de Aras (Santander). Fuimos a la iglesia, celebró misa y nos dio la comunión. Aniceta comentaba: "Por algo hemos esperado tanto. Siempre que hay un sacerdote en el pueblo que dé la comunión, no la recibe por el Angel."»
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz