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Se fue con prisas a la montaña 307 Hay un dato muy digno de notar. Consta q:.ie el ángel, en esto de las comuniones, actuaba ·siempre de «forma supletoria»; es decir, actuaba como «ministro extraordinario», para suplir la falta de un sacerdote que pudiese dar normalmente la comunión. Y esta falta había de ser bastante frecuente en Garabandal, ya que el señor cura párroco residía en Cossío, y era aquí donde celebraba misa la mayor parte de los días; subía a San Sebastián casi todas las tardes, desde que empezaron los fenómenos, mas por entonces -ya queda indicado-- no entraba en lo normal dar comuniones a esas horas vespertinas. Y aun ocurría más de una vez, que hasta los días en que había misa en el pueblo, las niñas no podían asistir, porque tenían que ir a ciertas faenas del campo. Tampoco los numerosos sacerdotes visitantes solucionaban la dificul– tad, ,pues casi siempre llegaban después de las horas del mediodía. De este modo de actuar del ángel resulta bien claro, una vez más, que según los planes de Dios, no hay por qué esperar a intervenciones milagrosas para alcanzar aquello que nosotros mismos podemos procu– rarnos con los medios ordinarios que están a nuestro alcance. Podrían aducirse no pocos ejemplos que confirmaran esto que veni– mos diciendo; pero bastará recoger alguno. El excepcional testigo don José Ramón García de. la Riva, cura pá– rroco de Barro (Asturias), afirma en sus memorias: «He podido com– probar que el ángel no daba la comunión a las niñas si su, párroco, u otro sacerdote facultado para ejercer el ministerio en Garabandal, esta– ba presente y actuaba. Lo anoto así como resultado de un estudio que llevé a efecto y que repetidamente he comprobado. Puede servir de respuesta a cuantos hacen la pregunta de: ¿Cómo es posible que el ángel actúe en un ministerio que no le es propio?» Y a continuación explica una prueba muy interesante, en la que él intervino, pero que yo dejo para después, porque merece ser colocada en todo su contexto, y con una atención especial. La hija de don Ramón Pifarré, ya fallecido, que tenía una farmacia en Barcelona (calle Vallespir) y que ha sido uno de los mejores testigos de muchas cosas de Garabandal, me ha contado cómo presenciaron ellos una de las comuniones místicas de Conchita, en junio de 1962. El éxtasis de la niña fue poco más o menos como solía en estos casos; pero a los circunstantes les llamó mucho la atención ver que la niña, minutos después de recibir la comunión, pero todavía extática, se río.. . Era obligado preguntarle qué había ocurrido, y la niña explicó: -Es que antes de marchar, el ángel me dijo: «Ya ves, he venido pronto hoy, para que no digas que te hago pasar hambre» (por entonces el ayuno eucarístico era todavía largo y serio). Me dice doña Asunción Pifarré, que serían poco más de las ocho de la mañana, y que la madre de la niña, Aniceta, ya le tenía preparados a Conchita los corderos con los que había de salir para el monte, pues aquel día le tocaba a ella de «ovejera». -«Recuerdo que al cabo de un buen rato se presentó don Valentín en casa de Maximina González, donde nosotros nos hospedábamos. Ve– nía de Cossío, y preguntó por Conchita. Yo le dije lo que había pasa– do... , y él se puso hecho una furia, diciendo que no comprendía aquello,

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