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304 meras páginas, pues el fenómeno de estas comuniones (que se ha dado en llamar «místicas», para distinguirlas de las normales) empezó bien pronto. «A lo primero», nos ha dicho ella; y en las embarulladas notas de don Válentín encontramos este brevísimo apunte, perteneciente al mes de julio de 1961: «Los días 11, · 12 y 13 dijeron que comulgaron». Es la primera vez que se dan fechas para est.a clase de comuniones. Podemos, pues, suponer que fue ese día 11 de julio, martes, el primero en que las niñas recibieron la comunión por mano del ángel. Y quizá corresponda a alguno de esos días otra anotación de don Valentín, que ha llegado hasta nosotros sin fecha : «Anoche les dijo (la Virgen) que fueran en ayunas a comulgar de los ángeles... Fueron Con– chita y Mari Cruz; a las ocho comulgaron las dos, y dicen que hizo igual que hago yo cuando doy la comunión (se sobreentiende, fuera de la misa). Las otras dos, Loli y Jacinta, fueron como a las doce, y comul– garon en "la Campuca", más arriba de otras veces (tal vez quiere decir: más arriba del Jugar acostumbrado de las apariciones); y después el ángel les señaló dónde estaba la Virgen, y la Virgen las llamó con la mano.» No se nos dice aquí dónde fue la comunión de Conchita y Mari Cruz; pero si se trata de la primera recibida de manos del ángel, teniendo en cuenta lo escrito por Conchita · en su diario, que ya hemos visto, debemos concluir que esa primera comunión de las dos fue en los Pinos. La de las otras dos, en «la Campuca», la pequeña explanada con yerba que hay al final de la Calleja, por debajo de los Pinos, y que tiene ahora, a la derecha, la pequeña capillita de San Miguel; ahí está, como un hito de atención, la llamada «piedra del Angel», precisamente pqrque sobre ella pareció posarse él más de una vez para dar la comunión a las niñas. He aquí una novísima y precisa confirmación de lo que antecede. En los diálogos de la pintora Isabel de Daganzo con Conchita en el colegio de Burgos, noviembre de 1967 (se ha hablado de ellos en .el capítulo III de la primera parte), encuehtro este entrañable inciso: ISABEL-Me gustaría pintar algún éxtasis con Mari Cruz, pues la quiero mucho. CoNCHITA.-Sí, yo también la quiero mucho. Mari Cruz es muy buena. Mira: la primera comunión que tuvimos del ángel, la recibimos Mari Cruz y yo, en los Pinos, a las cinco de la madrugada. A las seis de la misma mañana comulgaron Loli y Jacinta, allí cerca de donde está ahora la capilla de San Miguel, donde «la piedra del Angel». ¡Verdaderamente deliciosa la «circunstancia» de esa primer1;1 comu– nión mística en Garabandal ! Al inaugurarse un largo y luminoso día de julio, en el frescor del amanecer, entre cosas que van adquiriendo color y perfil a la inocente luz del alba, bajo el canto del ave, «anunciadora del sol», como dice un viejo himno litúrgico, allá a rriba, muy por encima de las moradas y los cuidados de los · hombres, en el maravilloso escenario de los Pinos, tres ángeles y dos niñas:

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