BCCCAP00000000000000000000758
302 Y El, Jesús, para nosotros, aquí y ahora, es sobre todo presencia eu– carística. Es decir, Santísimo Sacrament.o del Altar. * * * Muy significativo resulta que las niñas, ya en la primera de las apa– riciones, y tan pronto como ésta acabó, fuesen corriendo a cobijar su . emoción cabe los muros de la iglesia, y que luego la desahogaran dentro con el rezo de una «estación» a Jesús Sacramentado . Desde entonces, no hubo trance que no tuviese ,su conexión o refe– rencia a esa inefable presencia del Señor en la Eucaristía... 1 Y ahí está, como iluminándolo todo, el primer mensaje público, el de la noche del 18 de octubre, tan serio en su desconcertante simpli– cidad: «Hay que hacer visitas al Santísimo ... » Pero la Eucaristía no es sálo presencia real de Cristo en el Sagrario. Es también, y de «primerísima intención», el «Pan de Vida» con que deben alimentarse las almas. «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Quien coma de este pan, vivirá para siempre. Y el pan que Yo,· Yo mismo, daré, es mi carne, entregada por la vida del mundo» (Jn. 6, 51). Por eso, en Garabandal vino bien pronto lo de despertar la atención de videntes y espectadores hacia la Comunión... Porque es en esta recepción de la Eucaristíi:t donde tiene lugar el gran encuentro personal con Cristo. Por mano del ángel Escribió Conchita en su diario (páginas 51-53 del original): «El ángel San Miguel, a lo primero de las apariciones, nos daba formas sin consagrar; nosotras habíamos comido casi entonces, y nos las daba igual: era para enseñarnos a comulgar. Y así, muchos días.» Evidentemente, se trataba de una concienzuda preparación, hasta en los detalles materiales, para algo que tanto merece ser bien hecho. (Tal preparación habría que repetirla ahora, incluso entre nuestros fieles veteranos.) Lo de haber comido, lo trae a cuento la niña en relación con el ayuno eucarístico, que por aquellas fechas era todavía de tres horas. 1 El abogado de Palencia, don Luis Navas, que en varias ocasiones subió a Gara– bandal y allí iba observándolo todo con muy despierta atención, tiene escrito en una de sus notas: «Se preguntó a las niñas por qué iban tantas veces a la iglesia, es– tando ésta cerrada (para que no pudieran entrar allí en éxtasis). Y ellas respon– dían candorosamente: "Es que a la Virgen le gusta ir cerca de donde está Jesús, su Hijo."» Deliciosa y aleccionadora respuesta. Para el Cielo son inadmisibles esas dudas y ambigüedades -heréticas o semilieréticas- sobre la «presen_cia real» de Cristo en las hostias reservadas, después de la misa, en el sagrario, dudas que se han ve– nido infiltrando últimamente en la mente de ciertos católicos, a pesar de todas las explícitas enseñanzas del Supremo Magisterio.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz