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298 -¿No os parece que aquellos pequeños engaños vuestros, además de tener que ver con vuestras dudas de ahora, han podido contribuir de algún modo a oscurecer la verdad? -Es muy posible que sea así. No crea que no lo he pensado.» * * * Conchita ha pasado el verano en su pueblo, con el paréntesis de los últimos quince días de agosto, en que se refugia nuevamente en el co– legio. En octubre regresa a Burgos, para empezar el curso 1967-1968. Día 18 de octubre «-¿Te has dado cuenta -le dice la Madre- del día que es hoy? Debemos hacer algo más de oración. ¿Nos quedamos esta noche? ¿Qué pasó aquel día de 1961 ? -Anunciamos el primer mensaje. Ya lo habíamos visto a los pies del ángel; pero no entendíamos lo que quería decir. La · Virgen nos lo fue explicando... «En lo que nos pasó aquellos años veo también alguna intervención del demonio. Recuerdo, por ejemplo, las voces que oíamos dentro de aquella gran oscuridad, que ya le he contado; y aquel otro día en que Loli y Jacinta intentaban echarse del coro de la iglesia abajo: yo en– tonces no veía a la Virgen y me encontraba cerca del altar mayor; re– cuerdo que ellas bajaron, y tocándome la cara, me preguntaban: "¿Eres Conchita?" Aquel día sí que parecía el demonio.» * * * El ·día 22 de diciembre, Aniceta llega a Burgos en busca de su hija. No se la va a llevar sólo para las vacaciones de Navidad, se la lleva definitivamente. Y no es de este lugar el apuntar las causas. También por causas que no son de este lugar, la comunicación entre la M. María Nieves y Conchita se ha hecho notablemente más difícil durante las últimas semanas. Ha habido fuertes influencias o presiones exteriores. En uno de los encuentros finales, dice Conchita a la Madre: «Cada vez veo con más claridad, en algunos momentos, que aquello que nos pasó a las cuatro fue verdad. Pero que nosotras lo estamos es– tropeando ... Nuestras negaciones son por. nuestro comportamiento. A veces, aunque muy rápidamente, veo esto con mucha luz.» Y la Madre cierra el largo capítulo de sus recuerdos, de su extra– ordinaria proximidad a la «niña» de la Montaña, con estas líneas: «Por todo doy gracias a la Santísima Virgen. Haya sido Ella, o no, la que se apareció en Garabandal, por su amor me he movido en todo, y ciertamente que todo esto me ha llevado a amarlo, más y a sentirme más cerca de Ella.» Sea también para todos este final resultado, mientras seguimos mo– viéndonos bajo las luces y las sombras de EL GRAN MISTERIO DE GA– RABANDAL.
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