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Se fue con prisas a la montaña 291 Conchita. - y por todos los que le rodean. M. María Nieves. -Te pedimos, Señor, por los sacerdotes... Conchita. - para que sean santos, y no lleven el "clergyman" por pre- sumir. (No me gusta nada ver al sacerdote como un seglar. ¡Nada!) Se terminó aquella insólita «vigilia» junto al altar. «Como dos niñas ante la Madre del cielo y el Padre Dios -escribe M. M.ª Nieves'-. Algo que no podré olvidar, por la sencillez, la paz, la íntima alegría. Era ya la una cuando nos retiramos, y nos había parecido muy poco tiempo. Al levantarnos del suelo, me dijo Conchita: "Con gusto me quedaría toda la noche".» Día 15 de noviembre «-En mi pueblo me mandaron varias veces que besara a mi madre, cuando la había disgustado: yo no podía hacerlo, y me enfadaba. No me gusta besar. Cuando me abrazan, pongo la cara, pero no beso; sólo a Loli la he besado de verdad.» Día 16 de :noviembre «-Algunas veces me han juzgado mal sin motivo. Recuerdo que u~, día los guardias me dijeron algo malo que se había dicho de mí. Yo me eché a reír, porque no entendí aquello. Ellos se enfadaron de mi risa. Lo conté luego en mi casa, y el disgusto de todos fue muy grande; hasta llegaron a amenazar a los guardias, por haberse metido a decir tales cosas a una niña.» Día 17 de noviembre Conchita ha oído algo de que hay peligro de guerra, también ·no sé qué sobre la situación de Gibraltar... Está preocupada, piensa en su hermano Miguel, y por eso suelta a la Madre tan pronto como la ve: «-¡Qué miedo me da la guerra! ¿Estallará? «En 1962, cuando también hablaban del peligro de una guerra, yo le dije a la Virgen: "¿Habrá guerra?" Ella sólo me contestó: "La guerra no la quiere Dios para sus hijos". Hay que pedir mucho, ¿verdad?» Para animarla a ser fuerte en las dificultades, la Madre· le .habla de Cristo. A Conchita le agrada, evidentemente; pero acaba desahogándose así: «-Yo pienso más en la Virgen. Es que... como que siento más por Ella. El Señor es muy serio. Y cuando me hablaba, parecía preocupado por todos. La Virgen, como más pór mí... Bueno, en resumidas cuentas: quien ama a la Madre, ama también al Hijo, ¿no le parece?»
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