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Se fue con prisas a la montaña 289 «-¡Qué alegría, si así fuera! Pero ¿podré acaso experimentar más gozo que experimenté en tiempo pasado? Las apariciones de la Virgen me llenaban de felicidad. Pero las locuciones de Jesús son aún mucho mejores. No sé, es algo superior.,. Yo le pido que se haga en mí su voluntad. · «La Virgen nos enseñó a rezar la letanía, y los misterios del rosario, que no los sabíamos. Ella sólo rezaba el gloria; si empezó con los otros rezos, fue para enseñarnos. «La última vez que la vi fue el 13 de noviembre del año pasado, en los Pinos. Me dijo que ya no la volvería a ver allí.. . (Se hizo, muy ex– plicable, una densa pausa de silencio y emoción.) ..................... •.•• ............................................. «Hace tiempo, en mi pueblo, me señaló la Virgen un redentorista, muy amigo de Mercedes Salisachs, para que me confesara con él. Me aconsejaba este Padre que me arreglara menos, que no le gustaba verme tan arreglada. Yo no me sentía inclinada a contarle mis cosas; no me salía. Se lo dije a la Virgen, y Ella calló, me dejó sin respuesta. Un día me decidí, y conté lo que ocurría al Padre. El se puso muy contento; pero jamás fui capaz de comunicarle nada, me era imposible.» * * * Día 12 de noviembre Conchita parece necesitar un día de descanso, sobre todo espiritual, para poner un poco de paz en su interior, agitado por mil oscuridades y dudas. La Madre comprende, y corresponde a esta necesidad; a una hora oportuna, las dos se marchan andando por el camino que va hacia la célebre Cartuja de Miraflores. Llevan la merienda y dos armónicas. Por el camino, Conchita se desahoga de recuerdos que lleva dentro, y que necesita compartir... Por ejemplo: «-¿Conoce usted al P. Collin? Ahora se hace pasar por Papa 5 • Estu– vo en mi pueblo. Quiso verse conmigo; pero mi mad:ce_no le dejó. Aca– baron echándole del pueblo. «Pues bien, cuando estuve en Roma, me enseñaron la foto de un pe– riódico en la que yo aparecía al lado del P. Collin, y se decía allí que él había estado conmigo... , y muchas otras mentiras. Yo negué, porque jamás est4ve con él. Así, como eso, se inventa mucho. «Un día llegó a mi pueblo una señora, y me pidió insistentemente que le dedicara una estampa. Yo escribí sin más: "Pida que Dios ben– diga a nuestro único Papa, Su Santidad Pablo VI". No sé por qué se me ocurrió aquello. Poco después vino corriendo un sacerdote · muy conocido y me dijo: "¿Qué has escrito para esa señora? Es una masona, partidaria del P. Collin".» s Con el nombre de Ck,mente XV. Reside en Francia y tiene su «corte» y su pequeña grey de partidarios.

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