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286 blante; pero sin dejar de sonreír. Yo le preguntaba: "¿A quién miras?", y Ella me decía: "MIRO A MIS HIJOS".» «Hablábamos con Ella de todo, hasta de nuestras vacas... Se reía mucho. También jugábamos. ¡Qué felices éramos entonces! No sufría– mos nada, aunque alguien se metiera con nosotras... Parecía como de 17 años. Por eso me he alegrado mucho cuando el Padre de los Ejer– cicios nos ha dicho que viéramos a la Virgen como de esa edad. Me gusta oír hablar de la Virgen; he oído a muy pocos sacerdotes hablar de Ella; uno me dijo un día: "Si esto de Garabandal no es verdad, ya, no tendré fe en nada". ¿Cree que esto está bien? A mí me da pena.» (Anota la Madre: «La expresión de. ese imprudente sacerdote la pre– ocupa de verdad, y lo recuerda con frecuencia».) «¡Qué bien se estaba con la Virgen! Era verdaderamente como una amiga; igual que si viviera con nosotras: Y nos llamaba por nuestro nombre familiar, como lo hacía la gente. No decía "María Concepción", sino "Conchita". Ni tampoco "María Dolores", sino "Loli", etc.» «Ahora nos cansamos en los ratos de oración; pero entonces no sentíamos cansancio, ni sueño, ni nada. ¡La veíamos tantas veces!» Día 30 de octubre «-He aprendido mucho en mi pueblo, porque la gente me exponía sus problemas; algunos, ¡muy fuertes! Los que más me han impresiona– do, han sido los de los sacerdotes: ¡me hacían daño!» «Me dice el confesor que pida al Señor el deseo de sufrir, y también que reciba el dolor con alegría.. . ¡No puedo decírselo al Señor de esa manera, porque no me sale:· tengo miedo a sufrir!» «-Lo comprendo; pero debemos confiar en El, y saber que debemos servir para algo en sus manos. Dios nos quiere tomar como pequeños instrumentos, tal vez "como cerillas para encender los grandes cirios".» «-¡Es verdad! Somos instrumentos, y la gente no debe pararse en nosotras. En el pueblo nos estrujaban, nos tiraban de la ropa... nos buscaban a nosotras. Y aunque tantos subían a los Pinos, no todos se acercaban al Sagrario.» Día 1 de noviembre Fiesta de Todos los Santos. Por disponer de más tiempo, Conchita y la Madre hablaron largamente, tomando como tema la vida de los bienaventurados y lo que hay que hacer para llegar allí. «-Un día, en una aparición de la Virgen, nosotras llevábamos pues– to el cilicio, aunque muy flojo, y para que Ella se diera cuenta de que lo llevábamos (lo teníamos en la cintura), nos lo palpábamos de cuando en cuando..Nos dijo: "Sí, ya sé que lo lleváis; pero no es eso precisa– mente lo que pido de vosotras, ni lo que más me agrada, sino LA FI– DELIDAD EN LA VIDA ORDINARIA".» «También nos dijo una vez: "Si vierais juntos a un ángel y a un sacerdote, teniais que venerar prim_ero al sacerdote".

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