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284 «Por eso le dije, que en mis horas libres ella podía venir a estar con– migo, siempre que lo solicitara. Lo dejé plenamente a su elección, no llamándola jamás... » De los desahogos de la «ex-niña» vidente sólo se recogen aquí aque– llos que hacen referencia a las «apariciones», que entonces parecían ya bien lejanas (no precisamente por el paso del tiempo), y que sólo como en relámpagos esporádicos se dejaban entrever algunas veces desde el recuerdo o la evocación 1. No se pierda de vista, que todos esos diálogos de Burgos ocurrieron cuando para las «niñas» había empezado la gran oscuridad, es decir, en plena fase de dudas o «negaciones», y que, por eso mismo, la madre María Nieves no abordaba nunca abiertamente el tema de lo ocurrido en las extrañas «horas» de Garabandal. Día 19 de octubre de 1966 «Me trajeron, por fin, a Conchita. Mi impresión fue estupenda: sen– cillez y candor, mirada especial y penetrante; quedé muy contenta.» «Su madre me habló a solas, y me contó algunas cosas... Temía la vanidad de su hija y su falta de piedad. Me encareció que no la viera nadie, a excepción de seis personas.» Dos días más tarde, el 21, empezaron ya las confidencias... Día 23 de octubre «Estuve con .Conchita bastante tiempo. Su conversación fue confiada, sencilla, abierta. Tratamos algunos puntos. Le advertí de· su exceso en gastar: lo reconoció, y me lo recibió bien... » En el curso de ·la entrevista, y con motivo de algo que había salido en ella, le dijo la Madre: «-¿Cómo has podido decir que colocaste la forma en tu lengua, si no era verdad 2?» «-Cuando he dicho eso, es que en aquellos momentos lo veía así. ¿Cómo podría haber sido, si no?» Instantes después: _ «-Quiero a la Virgen como si fuera mi madre. Con Ella se puede hablar de todo... Recuerdo que un día nos dijo : "ID MUY LIMPIAS; YO TAMBIEN ME CUIDABA DE ESO CUANDO VIVIA EN LA TIERRA".» La Madre le muestra unas fotos del cuadro que ha pintado una ame- ricana, que quiere saber su opinión: «-No me gusta.» «-¿Por qué?» «-Esta expresión es muy distinta de la que Ella tenía. Y no llevaba corona, sino estrellistas. Sus manos, no tan extendidas. El pelo, a los 1 Aunque no todos los dátos que vamos a recoger se refieran a 1961, sí todos pueden ayudar a entender mejor fo sucedido ese año. 2 Se refiere al «milagrucu» de la noche del 18 de julio de 1962, del que se ha– blará en la segunda parte.

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