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280 La jornada, empezada así, penosa y piadosamente, había que conti– nuarla para Dios, a través del trabajo n, de la dócil sumisión, del fiel cumplimiento del deber. Así se respondía a los deseos y las lecciones de la Virgen. Y como cura contra el posible cansancio, estaba la ilusión de volverla a ver, la evocación de las horas felicísimas en que se la había visto... Tal evocación tenía que resultar maravillosa, sobre todo en ciertos :momentos. Todavía al cabo de los años, y ya con la gran noche de las Dudas encima 28 , podía Conchita responder así -con sobriedad caracte– rística- a una serie de preguntas que se le hicieron por escrito: «-La primera vez que vimos a la Virgen, se nos apareció de repente. Venía con dos ángeles y el Niño Jesús, y había un ojo encima de todos, con mucha luz. Siempre se aparecía de repente, solo que unas veces traía el Niñq, y otras no.» -Su postura, ¿era siempre la misma, o diferente? ¿Cuál era la habitual? · «-Su postura más habitual era estar con los brazos abiertos y ex– tendidos, mirándonos; pero también los movía. Miraba hacia el público, y unas veces se sonreía más que otras.» -¿Qué tenía por fondo la visión? «-Resplandores.» -¿Cómo eran sus ojos? ¿Parpadeaba durante la conversación? «-Sus ojos eran negros, ¡muy dulces y misericordiosos!, más bien grandes. Parecía como si no mirara a la cara, ni al cuerpo, ¡sino al alma! No me he fUado si Ella prestañeaba; pero sí miraba a un lado o a otro.» -¿Lloró alguna vez? ¿O sólo se ponía triste? «-Yo nunca la he visto llorar, ni triste del todo.» -¿Cómo era su mirada? «-Su mirada es muy difícil de describir. Hace a uno amarla mqs y pensar más en Ella. Mirándala a la cara, nos hace felices del todo, y mirándo71os Ella, todavía más. Cuandos nos hablaba, nos miraba, y tam– bién cambiaba de mirada durante la conversación.» -.¿Qué sentías cuando te miraba? «-¡Muchas cosas! -¿Cómo era su voz? ¿Una voz real que corresponde al movimiento de los labios, o sólo una voz que se oye interiormente, sin sonido? «-Su voz, muy dulce y armoniosa, se oye por los oídiJs, aunque sus palabras penetran en el corazón; es como si metiera la voz dentro. 7:1 En esa misma carta del 11 de enero dice Mari Cruz al final: «Ahora ya no vamos a por leña, porque tenemos que ir a la escuela, que ya se acabaron las vacaciones, pues •traímos mucha, pero se quemó pronto». Es decir, que si el trabajo escolar quedó en suspenso por las vacaciones navi– deñas, vino otro más rudo a ocupar su tiempo: el trabajo de ir al monte en busca de leña para la lumbre del hogar. Así, estas hijas de la Virgen, en los días que para tantos otros niños no son más que de vacaciones y fiestas, tenían que ocuparse en una faena penosa, de la que personalmente supo no poco María en sus días de Nazaret. 28 De este fenómeno tan característico de Garabandal se hablará en su día.

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