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278 « Yo no puedo olvidar todo aquello: me hizo mucho bien; me acercó no poco a Dios». * * * El día 13, fiesta de la virgen y mártir Santa Lucía, Mari Cruz y Con– chita se pusieron a escribir de nuevo a don José Ramón. La primera le habla de ciertos asuntos familiares ... y después intercala esta escueta noticia: «El día de la Concepción sólo vio a la Virgen Conchita. Yo, como ya le dije, no la veré hasta el 16 de enero; quisiera verla siempre, siempre, pero cuando Ella no me concede ese don, es que no lo me- rezco, así que me resigno a su santa voluntad.» · Es la segunda, naturalmente, quien informa sobre su «gracia» del día 8. «El día de la Inmaculada me vino a felicitar la Virgen, que ya me lo había dicho que iba a venir. Y cuando vino, venía muy sonriente: se reía mucho 23. Lo primero que me dijo fue: «¡Felicidades!» Así que ese día lo pasé muy bien... un ratín; pero hasta el 27 de enero no la vuelvo a ver. «Vino por la tarde; dicen que estuve mucho rato, pero yo... se me hizo muy poquitín. Después dijo que se marchaba, para que yo cenase. Y después de cenar, volvió otra vez... y dicen 24 que fui hasta donde tuvimos la primera aparición, y que bajé de espaldas hasta casa, y que después salí y recé el rosario por las calles, y que visité a todos los enfermos, y que les di a besar el crucifijo. «De esto, ya sabe usted que yo no me doy cuenta, que es lo que me dicen. Así que yo, ya sabe que hasta el 27 (de enero) ya no la vuelvo a ver... » ¡Bonita velada tuvieron los de Garabandal el día de la Purísima Con– cepción! Hubo para todos, sanos y enfermos; y de nuevo la gracia de la Madre fue esparciéndose por casas, calles y callejas. Sólo quedaba ya una celestial visita para aquel año de 1961, que tantas y tan maravillosas había conocido: la del día 16, víspera de que comenzasen en el rezo oficial de la Iglesia esas espléndidas antífonas llamadas «de la O» 25 , que son la preparación inmediata a la fiesta de la Venida del Señor. La agraciada de turno era ahora Jacinta; pero no he logrado detalle alguno sobre su gracia... Sólo en una carta de Mari Cruz, fechada en 23 La niña expresa como puede el aire jubiloso, de fiesta, lleno de luz y sere– nidad, que veía en la Madre del Cielo. Pero que a nadie se le ocurra imaginar aquel su reír al estilo del reír ligero y ruidoso que tanto se da entre nosotros. 24 La distribución por líneas, que sigue, es cosa mía, para dar más justa im– presión de lo mucho que hubo en aquel trance, el último para Conchita de 1961. La niña lo escribió todo seguido. , 25 Se llaman así, porque todas empiezan por la exclamación latina «O... », que corresponde a nuestro ¡Oh! Son siete, y recogen con lenguaje bíblico los más vivos anhelos de la humani– dad que ·está a la espera de su Salvador. Se van cantando, una a una, en los últi– mos días del Adviento, del 17 al 23 de díciembre, al final del rezo de Vísperas.

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