BCCCAP00000000000000000000758

Se fue con prisas a la montaña 277 miente, espero volver a verla en enero. No sé si en este medio tiempo volverá algún día a visitarme... No sé. :Jn pocu mala sí soy: no sé si me lo tomará en cuenta 22 • Creo que no, porque Io hago sin darme cuen– ta. De las fotos que me mandó, no le digo nada, porque no se las he enseñado a la Virgen.» Aunque Loli no tenía promesa de ver de nuevo a la Virgen hasta enero, sí alentaba cierta esperanza de que Ella volviese antes con algu– na visita... Y la Virgen volvió. Dice en una carta doña :.vfaría Josefa Lueje Lueje, residente en la pequeña villa astuariana de Colunga: «Fui por segunda vez a Garabandal el 18 de diciembre de 1961; fui con unos amigos, parientes de Manolo Lantero (señor de Gijón): ocupá– bamos tres coches y éramos, me. parece, 14 personas. Desde Cossío hi– cimos la marcha a pie, pues eran los tiempos heroicos en que el camino estaba intransitable. «Poco antes de llegar al pueblo, reunimos en una bolsa de plástico todo lo que llevábamos para que lo besara la Virgen: rosarios, meda– llas, crucifijos ... En cuanto vimos a Loli, se lo entregamos; pero ella no estaba nada segura de que fuese a tener aparición. Esto nos dejó bas– tante mustios; pero había que resignarse; y nos aprestamos a pasar la noche en vela, como era de rigor... Al ver que no éramos muchos, Ce– ferino se compadeció de nosotrós y nos invitó a entrar en la cocina, para no pasar tanto frío. «Ya de madrugada, alrededor de las 4, Loli pegó un salto de donde estaba sentada y cayó de rodillas. sobre el suelo, haciendo un ruido im– presionante; pero esto no era nada, al lado del cambio de su rostro..., porque el rostro de la pequeña, regordete y digamos aldeano, se trans– formó y afinó de forma indecible, hasta parecer un ángel. «Salió luego por el pueblo, acompañada de su padre y de todos nosotros. Subió a una casa donde había, nos dijeron, un anciano casi moribundo, inconsciente desde hacía varios días; cuando Loli le santi– guó con su crucifijo, el hombre recobró el conocimiento y reconoció a sus hijos (así nos dijeron); la vimos luego bajar por aquella escalera, desigual, pendiente, sin barandilla, con la cabeza totalmente echada ha– cia atrás, y no nos explicábamos como no caía y se mataba... Nos llevó luego al pórtico de la iglesia, donde rezamos un rosario, como creo no haber rezado otro en la vida. «Cuando ya volvíamos para casa, nos cruzamos con Jacinta y su pa– dre, que iban a rezar el rosario al "cuadro", como todas las madruga– das .. . Era impresionante ver a aquellas criaturas, tan desabrigadas, de rodil,as sobre la nieve y soportando unas temperaturas bajísimas aún en plena noche... En el Garabandal de entonces, había verdadero fervor y se hacía penitencia de verdad. Z2 Nuevo esclarecimiento de que las apariciones no podían, de golpe, transfor– mar en ángeles a pobres criaturas humanas. .. Las habían puesto, y no era poco, en el camino de una .con_stante mejora moral.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz