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274 «Las apariciones siguen lo mismo, aunque ahora son más suaves .. .; es decir, las niñas no corren tanto en ellas. Desde luego, no sabemos _ lo que será; pero que la cosa se ve seria, sí... Ahora viene menos gente, porque es mal tiempo; pero si no vienen, es igual. «Las niñas, ¡con lo que les gusta dormir!, ya llevan una temporada levantándose a rezar el rosario, ¡a las 6 de la mañana!, junto a los Pinos. Si no fuese cosa de la Virgen, no se levantaban tan listas; nos cuesta más salir al público... » El día 18, al mes justo de la memorable jornada del mensaje (ob– sérvese una ciertl;l predilección por esa fecha mensual del 18), fue echa– da, «oficialmente» como quien dice, una pausa de «invierno» sobre los sucesos de Garabandal. La Virgen se despidió de las niñas: no porque ya no hubieran de volver a verla, sino porque ya no habrían de verla con la misma frecuencia que basta entonces. Y a cada una indicó la fecha de un nuevo encuentro, que las _ayudara a llevar mejor el pesado correr de la estación invernal. Me imagino que en los besos de despedida de aquel día, más de una lágrima correría por las mejillas de las pobres videntes. Habían sido felizmente largos los meses de paraíso... y ¡ahora, bruscamente, se les echaba encima el «invierno»! Ahora, sólo les quedaba, como a los de– más, el vivir en oscura fe. Ahora, sólo tenían delante el duro programa de las exigencias del mensaje: sacrificios, oración, la cruz de cada día... «En invierno Dios dispone que se cumplan los .misterios de que las semillas prendan, y con fuerza, bajo el suelo... » De estas fechas son algunas cartas que conserva el señor cura de Barro, don José Ramón García de la Riva. Tengo delante -los origi– nales. La más antigua, de Conchita, dice así: «25 noviembre 1961. «Apreciable don José Ramón: Ahora mismo me iba a la escuela, y me dijo mi mamá, que en lo que entraran, me pusiera a escribirle; y le voy a decir que tenemos un sacerdote nuevo, y a la vista parece muy bueno, y nos da catequesis todos los días; juega mucho con nosotras. Todas las niñas dicen que está mandao por el señor obispo. De don Valentín no le podemos dar las señas, porque dicen que está descan– sando. Algunos días está en Cossío; pero éste (el nuevo cura) algunos días también va a decir misa allí. Así que eso no sabemos cómo está.» ¡Claro que no sabían, ni podían saber, cómo estaba aquello! Aquello era una de esas cosas que hacemos sagazmente los mayores y que lue– go no acaban de entender los niños; por la cosa en sí, y porque, ade– más, se procura disfrazarla con palabras... Oficialmente, don Valentín estaba descansando. Pero tal descanso le había sido impuesto desde la curia diocesana, con lo que el buen señor estaba cumpliendo una

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