BCCCAP00000000000000000000758
Se fue con prisas a la montaña 271 «-No es eso -les dijo yo-; creo que sí veis a la Virgen, pero hoy fingisteis estar en éxtasis cuando de verdad no estabais... Mirad: eso no tiene importancia para vosotras, porque, a causa de la edad, no os dais cuenta del mal que podéis hacer. Pero suponed que hoy o cualquier otro día viene un teólogo o un médico de importancia a estudiar con toda atención estos hechos, y os sorprende como yo en un éxtasis fin· gido, y que no puede volver más días ... , ¿qué impresión llevará, y cómo será el informe que dé?» «La madre de Mari Cruz también se lo afeaba vivamente. »Como unos tres meses más tarde, me encontré a solas con Loli en el pequeño establecimiento de su casa, y le dije (ya por entonces estaba más averiguado. que las niñas habían fingido a veces): -"Entonces, ¿qué?, ¿fingíais o no?" Me contestó riendo: "¿Sabe usted qué dijo Jacinta cuan– do usted salió aquel día de la casa de Mari Cruz? -'¡Qué bribón! ¡Cómo nos pescó!"'» «Conchita habla de estos éxtasis fingidos en un pasaje de su diario, donde dice: "No todos los fingíamos" (luego algunos, sí) 9 ... A mí, confi– dencialmente, me contó uno de ellos, en el que por cierto, según dice ella misma, "Dios la castigó", pues se dio una soberana caída cuando bajaba de los Pinos, "no creyendo nunca morirse de dolor como aquel día" ... "Aguanté como pude el dolor, y creo que nadie se dio cuenta, hasta que de verdad vino la Virgen, y entonces sí que quedé en éx– tasis".» «Me dijo entonces, que solamente fingían cuando en el pueblo había gente de confianza o vecinos; y también, que sólo lo habían hecho cuan– do sabían de fijo que iba a venir después la Virgen ,como una media hora antes de la aparición, y que la Virgen solía castigarlas viniendo más tarde de la hora, y que siempre las reprendía.» El texto del diario de .Conchita es así: «A veces, que queríamos estar juntas las tres (ella, Jacinta y Loli), como nuestros padres no nos de– jaban estar fuera de casa de noche, pues algunas veces, cuando salía– mos del rosario, que ya teníamos dos llamadas, mirábamos para arriba como si ya estuviéramos viendo a la Virgen... y así estábamos juntas por la calle, y los padres con nosotras, y gente, y luego, ya llegaba la Virgen y estábamos juntas. Siempre terminábamos viendo a la Virgen: éxtasis enteros nunca fingíamos» (pág. 51) . De cuanto antecede, queda claro: - que había «puntos oscuros» en Garabandal, no sólo . subjetiva– mente, «para algunos», en determinada situación psicológica, sino tam– bién en la misma realidad de los hechos; - y que esto último se dio, sobre todo, o casi exclusivamente, por culpa de las niñas, al tratar cort cierta inconsciencia, en contadas oca– siones, lo que merecía un tremendo respeto. Son ellas, por tanto, muy dignas de reprensión. Pero tengamos nosotros en cuenta los atenuan– tes: el no sospechar la importancia de lo que hacían, y el haber llegado a una tal familiaridad con el misterio, que fácilmente pudieron caer 9 Nuestro admirado cura de Barro sufre aquí una confusión: el texto auténtico de Conchita no dice eso, sino algo que se le parece, pero que es muy distinto-. Se verá luego.
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz