BCCCAP00000000000000000000758

264 A nadie hubiese parecido mal que se dieran oficialmente ciertas dis– posiciones de índole disciplinaria, para evitar posibles abusos o enre– dos. Mas ¿por qué tanta prisa en pronunciarse ya, aunque fuera pro– visionalmente, sobre el carácter de unos hecpos que estaban en pleno curso y aún no habían sido debidamente estudiados? Nos parece recor– dar que tanto en Lourdes como en Fátima las respectivas jerarquías diocesanas aguardaron al final de los sucesos y a que estuviera con– cluido un auténtico proceso canónico, para hablar oficialmente sobre el carácter de lo que allí había ocurrido 3. En el caso de Garabandal ha habido siempre unas extrañas prisas, por la parte oficial, para ir diciendo sobre la marcha, que aquello es– taba demasiado oscuro... que aquello no convencía... que aquello daba motivos para serias desconfianzas ... que aquello podía explicarse natu– ralmente todo ... que de aquello, sobrenaturalmente, no había nada ... Bien. Volvamos a esa segunda y última nota de don Doroteo Fer– nández 4 • Ya he reconocido antes los dos valores que me parece tener: un buen celo pastoral y un tono general de prudente mesura; pero debo igualmente señalar algunas cosas que la desvirtúan no poco: -Emplear ambiguamente el término «Iglesia», confirmando a mu– chos en su equivocado confundir Iglesia con jerarquía, como si ésta fuera, sin más, la Iglesia... , como si todos los fieles católicos no fuéra– mos también Iglesia, tan Iglesia co:ino los jerarcas, aunque con distinta función. -Invocar con parecida ambigüedad el derecho a un «juicio definiti– vo», que ciertamente corresponde a la jerarquía, como razón para ex– cluir todo juicio por parte de particulares .. . Como si en la Iglesia de Dios los no jerarcas careciéramos de todo derecho a op,inar en materias opinables; es decir, en materias sobre las cuales aún no se ha pronun– ciado en última instancia, y con carácter de irreformable decisión, la autoridad a quien corresponda. Habla su señoría de usurpación e in– trusismo... , pero el intrusismo y la usurpación pueden venir tanto de arrogarse funciones que no competen, como de pretender ahogar en otros los derechos que legítimamente pueden invocar. -Hay también en la nota una tercera ambigüedad: la de poner de tal modo ciertas verdades ante los fieles, que éstos fácilmente crean que sus jerarquías diocesanas son, sin más, «la Iglesia», y que por tanto han de aceptar cuanto ellas digan con «la sumisión perfecta, completa y humilde» que se debe a las enseñanzas que explícita e incuestionable– mente parten de un Supremo Magisterio. A nivel diocesano no se da el carisma de la infalibilidad; a nivel de obispo no puede decirse la últi– ma palabra en cuestiones o enseñanzas de FE. Por consiguiente, frente a los dictámenes episcopales -'-de un obispo concreto- se nos puede pedir acatamiento y obediencia práctica, pero no exigir «sumisión per– fecta y completa», hasta de pensamiento ... 3 En Lourdes el veredicto eclesiástico se hizo esperar cuatro años (1858-1862). En fátima, trece (1917-1930). 4 Meses más tarde don Doroteo Fernández fue trasladado de Santander, donde hubiese querido quedarse, según dicen, de obispo titular o residencial, a Badajoz, donde ha estado hasta este año de 1971 de administrador apostólico.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz