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Se fue con prisas a la montaña 263 cristo. El nos los dio como prueba de su doctrina, a la que ya nada hay que añadir. Si El por sí o por medio de su Santísima Madre tiene a bien hablarnos, atentos debemos estar para escuchar sus palabras y decirle como Samuel: "Habla, Señor, que tu sier.vo escucha". «4. Inculquen igualmente a sus feligreses que fa mejor disposición para oír la voz de Dios es la sumisión perfecta, completa y humilde a las ern:eñanzas de la Iglesia, y que nadie puede oír con fruto la voz del Padre que está en los cielos, si rechaza con so:>erbia la doctrina de la Iglesia-Madre, que nos acoge y santifica en la tierra. «S. En cuanto a vosotros, amados fieles, no os dejéis seducir por cualquier viento de doctrina. Escuchad dóciles y confiados las enseñan– zas de vuestros sacerdotes, puestos a vuestro lado para ser maestros de verdad en la Iglesia. «Sé que habéis estado impacientes y expectantes, y que la turba– ción se había apoderado de muchos ánimos ar:te la proximidad de las fechas recientemente pasadas. Quisiera yo llevar a vuestras almas el sosiego y la tranquilidad, que es el supuesto básico de un juicio sereno y equilibrado. Que nadie os arranque el don precioso de la paz, que descansa en Dios, y "no os alarméis, ni por espíritu, ni por dicho, ni por carta", como decía San Pablo a los de Tesalónica. «Haciendo nuestros estos sentimientos, amadísimos hijos, esperamos que la Virgen, a quien saludamos con el nombre de Sedes Sapientiae -Morada de la Sabiduría-, nos ilumine para conocer todo lo que in– teresa a la gloria de su Hijo y a nuestra salvación. · DoR0TEO, A. A.» * * * Podrá discutirse la «oportunidad» de esta nota; pero creo que nadie podrá negar en ella dos cosas muy buenas: el estar animada de celo pastoral y el guardar un tono general de prudente mesura. Con todo, cualquiera puede ver también que -sin causa suficiente, según mi criterio- se agrava la actitud negativa frente a los hechos de Garabandal: del «Nada nos obliga a afirmar la sobrenaturalidad de los hechos» que decía la primera nota, se ha pasado en la segunda a la afir– mación de que no hay «fundamento serio para tener por verdaderas y auténticas las mencionadas apariciones, visiones, locuciones o revela– ciones». Y el señor administrador apostólico no ha visto ni observado per– sonalmente nada: se apoya de lleno en el sentir de su Comisión... , que tampoco ha visto ni observado por sí misma lo suficiente, y que encima no se ha cuidado de montar un genuino proceso informativo, interro– gando en forma adecuada a las protagonistas y a los principales testi– gos: sus padres, el párroco del pueblo, las personas solventes que más de cerca han seguido todo aquello 2 • 2 De lo que se afirma en este párrafo, ya quedan pruebas en capítulos pre– cedentes.
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