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254 En el corazón de muchos se hace de noche El silencio expectante que había ambientado la lectura del mensaje, se quebró tan pronto como el papel que lo contenía fue guardado. Se quebró primeramente para que el mensaje llegara a quienes no habían oído bien, y luego... Al ver que todo indicaba que «ya no había más», un viento de decepcjón, más fuerte que el temporal atmosférico, sopló sobre aquella multitud; y en muchos corazones también se hizo de noche. ¡Nada de lo que tanto esperaran se había producido! Y aquel mensaje, por sí solo, verdaderamente no valía la pena... 4 1 Lo de Gara– bandal era cosa fallida y fallada. ¡Cómo había hecho el tonto subiendo allí! Es cierto que para aquel 18 de octubre sólo estaba anunciada la publicación del mensaje, y que el imaginarse prodigios espectaculares quedaba exclusivamente a cuenta de la gente; mas ¿ qué hubiera ocu– rrido, de haberse observado puntualmente las instrucciones de la apari– ción?, ¿qué hubiera ocurrido sin la «prudentísima» ingerencia de aque– llos comisionados, que impusieron a don Valentín y a las niñas un pro– ceder que no se ajustaba a las normas recibidas? No son quiénes los hombres para imponer al cielo sus criterios. Con el cielo no se juega. «-¡Ah! ¡Estos hombres, que temen el ridículo de la hhumilde doci– lidad, que se creen más inteligentes que la Virgen, y que se embarazan de consideraciones que ellos creen muy sensatas!» («L'Etoile dans la Montagne», número 18). * * * La bajada de los Pinos, bajo el azote exterior de la lluvia y el viento, y con el desabrimiento interno de la decepción, fue aún más penosa que la subida. Lo que le pasó a doña María Herrero debe mul– tiplicarse por mil, por tres mil...: «Perpleja y malhumorada, bajé de aquel promontorio de barro, piedras y hoyos, sin ver nada, ayudando como podía a alguna persona en apuros, bajo la lluvia que volvía a ser implacable». Uno de los que más sintieron los efectos de la «prueba» de aquella noche fue el P. Ramón María Andreu. Había sido allí favorecido como pocos, y como pocos fue también allí probado. Durante muy largo rato, entre el agua que corría monte abajo por todas partes y la muchedumbre que subía o que bajaba, se movió él de un punto a otro de la ladera como un verdadero náufrago 42. 41 «Todos los que ese día subieron, esperaban ver un gran milagro, como el del sol en Fátima. No hubo eso, pero sí un gran mensaje, que hoy día tiene mucha im– portancia. Yo, por lo menos, así lo entiendo y lo creo». (El brigada de la Guardía Civil.) 42 Parece que la «prueba» empezó ya antes de la .Jectura del mensaje, cuando la multitud seguía concentrándose en torno a: los Pinos. «Como a m~dio camino de aquella penosísima subida, yo me encontré de verdad perdido: en la noche, en medio de aquel monte inundado de sombras. :.; inva– diéndome el alma un dolor tremendo, una .sensación inaguantable de soledad, y un convencimiento del. ridículo que representaba todo aquello... » (P. Andreu).
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