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Se fue con prisas a la montaña 251 -Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia. Esas siete vulgares palabras, saliendo al paso de ciertas espirituali– dades «nuevas» (en el fondo, una viejísima falta de espiritualidad), que entonces burbujeaban ya por la Iglesia y sólo ahora han logrado domi– narla en amplios sectores 35, nos ponen de nuevo ante el insondable e insoslayable Misterio de la Cruz, «necedad para los que van camino de perderse, pero fuerza de Dios para los que van hacia la salvación» (I Cor., 1, 18). Frente a tanto «cultivo» de la propia personalidad... :36, ¡otra vez el «Niéguese a sí mismo» de Cristo! Y frente a la estudiada demolición de toda exigencia moral incómoda, ¡de nuevo el «Tome su cruz cada día», como algo que sólo en plan de réprobos se puede rechazar! (Le. 9, 23). Todos los r eales y pretendidos derechos de la persona humana, todos los fueros de su libertad, no podrán hacer que caiga en desuso la pro– clama divina: «¡Entrad por la puerta estrecha! Ancho y fácil es el ca– mino que lleva a la perdición, y son muchos los que se meten por él; pero es estrecha la puerta y bien angosto el camino por los que se va a la Vida, y no son muchos los que aciertan con ellos» (Mt. 7, 13-14). -Hay que visitar al Santísimo. Cuando en el seno de la Iglesia Católica, por extracatólicas o anti– católicas influencias, estaba cuajando una grave crisis de doctrina y de vida en torno a la realidad eucarística., Dios acude al remedio con una breve y simplicísima línea del mensaje dado, según creemos, por su Madre. Nos llama la atención sobre lo que es verdaderamente nuclear en todo vivir cristiano: el contacto personalísimo -no sólo comunita– rio- y frecuente con el Salvador. El «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiem– pos» de Jesús 37 no puede tener sólo las sutiles y desencarnadas dimen– siones que le asignan ciertos teólogos «ele razón» .. ., no «de vida y de sentir» ... 38 No podemos los cristianos vivir nada más que del recuerdo y de las palabras de un gran Muerto, que sólo hace muchos siglos estu– viera de verdad entre nosotros ... Sin El de verdad vivo y de verdad pre- 35 No digo que tales «espiritualidades» estén dominando a fa Iglesia, sino que dominan a muchos en la ~glesia. Obsérvese cómo h3blan bastantes clérigos y no clérigos... , y póngase quien quiera a detectar lo que flota en el ambiente hasta de centros de «formación» eclesiástica. · 36 Hay un cultivo de fa propia persona, que encaja perfectamente, y hasta se impone, en un marco de verdadero cristianismo; pero hay también un cultivo del propio yo, que es de cuño pagano y se da de golpes con todas las grandes con– signas evangélicas. Lo cual no impide que sea precisamente éste, el que está en el corazón y en la práctica, en la mente y en el habla de no pocos cristianos. 37 Mt. 28, 20. 38 No puedo hablar mal de los teólogos; entre otras razones, por aquellas pala– bras de San Francisco de Asís: «Y a todos .los teólogos, y a los que nos adminis– tran las santísimas palabras divinas, debemos honrar y reverenciar, puesto que ellos nos adminisfran espíritu y vida». Pero hay teólogos y teólogos. Si todos los de ahora nos suministran espíritu y vida, venga Dios y lo vea. Me temo que a al– gunos no van a tener que agradecerles mucho ni la Iglesia ni el pueblo fiel. Quizá porque sólo se les soban algo los codos, y nunca o casi nunca se les matiza de polvo, a la altura de la rodilla, la raya del pantalón.. .
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