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Se fue con prisas a la montaña 249 Una llamada de salud Imposible que la masa de expectantes que acogió estas palabras en la revuelta noche de Garabandal pudiera captar entonces las verdaderas dimensiones de tan cortísimo y pueril mensaje ... Por eso, a todos o casi todos decepcionó. «Al terminar de oírse el mensaje, que la gente se fue transmitiendo de grupo en grupo (¡y habría que saber las reducciones o variantes 9-ue tales transmisiones irían introduciendo!), me quedé decepcionadís1ma -confiesa doña María Herrero-. ¿Qué valor tenía aquello? ¡Parecía tan infantil...! Sin embargo, yo conocía lo suficiente a esas niñas para saber que no improvisaban y que no mentían... Quedé perpleja y malhumo– rada». No es para extrañar. Quizá a mí me hubiera pasado lo mismo. Pero me siento ahora en condiciones y con el deber de proclamar que a través de aquellas cuatro criaturas, que muchos descubrieron entonces en toda su natural insignificancia, hablaba a los hombres el mismo que desde siempre viene dirigiéndoles esas palabras que «no pueden pasar», aunque «pasen el cielo y la tierra» (Me. 13, 31). El no se comunica ·con los hombres para decirles siempre cosas «interesantes», sino precisamente las que necesitan saber en orden a su Salud. Y se acomoda al ser o a la virtualidad del instrumento que elige. Como en otros tiempos nos habló a través del lenguaje rudo y crudo de los primeros hagiógrafos o· profetas, ha podido muy bien hablarnos últimamente por el lenguaje infantil de cuatro crías poco desarrolladas e ignorantes 33_ Que la expresión o envoltura de su mensaje nos resulte pueril, no tiene importancia; lo que importa es su contenido. Y éste necesita ser desentrañado. Porque la auténtica Palabra de Dios no suele decir en seguida mucho ... : acaba diciéndolo;- íntimamente, a quienes sobre ella vuelven una y otra vez con la meditación. «Recibid con. docilidad la Palabra, que ha sido instalada entre vosotros y puede salvar vuestras almas. Esforzao.s por llevarla a la práctica. ¡No seáis únicamente oido– res ... ! Porque los que se limitan a oírla, sin cuidase de practicarla, se parecen a uno que de pronto contempla su rostro en el espejo, y sin más, sale a la calle, descuidado enteramente del aspecto que pueda tener» (Ja. 1, 21-24). 33 El nombre de «hagiógrafos» se da en terminología teológica a quienes escri– bieron o redactaron, bajo la inspiración de Dios, los diversos libros de la Sagrada Escritura. También a ellos se les aplica el término más general de «profetas», en el sentido bíblico de personas que hablan a los hombres en nombre del Señor. Para la recta inteligencia de lo que va en el texto, debo aclarar que no se tratá de poner en un mismo rango la palabra de Dios qi:.e nos viene por medio de los «hagiógrafos» o profetas de la Biblia, y la que nos venga, por ejemplo, a través de las niñas de Garabandal. Tan «palabra de Dios» puede haber en este caso como en el otro; pero hay niucha diferencia en cuanto a garantía de origen y deber de aceptación.. . Ante todo debe estar la plena estima por la Revelación oficial y pú– blica; mas no son precisamente los que mejor cultivan esa estima, los que luego alardean de abierta desestima para toda revelación privada... ¡Como si Dios ya no pudiese hablar, o no interesara en absoluto lo que El vaya a decir!

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