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248 barridas por un vendaval, y apareció la luna. Una luz pálida iluminó en– tonces los Pinos y al grupo de guardias, niñas, sacerdotes, etc., que estaban bajo mi punto de observación. Confieso que aquello me resultó de pronto verdaderamente impresionante ... » Muchos serían los que creyeran que entonces se iba a producir el milagro tan esperado... Pero ¡no hubo nada! Hubo sólo, y muy apaga– damente, lo previsto. Las niñas dieron a don Valentín el pobre papel del mensaje 32 , por– que según las instrucciones de la Virgen, él debía ser quien lo procla– mara en los Pinos. Pero don Valentín lo «leyó para él solu, y después que lo leyó, nos le dio a nosotras, para leerle; y le leímos las cuatro juntas ... » (diario, página 38). No era precisamente aquello lo señalado. El señor cura párroco, don Valentín Marichalar, que estaba ya acomplejado por «lo pueril» del men– saje, no tuvo valor para hacer la proclamación que se le pedía. ¿Fue acaso respeto humano? ¿ Tuvo miedo de hacer el ridículo? No creo que su actuación en esa noche se le pueda poner en cuenta para gloria. Pero ¿quién puede juzgarle? La lectura de las cuatro niñas no sería precisamente una buena pro– clamación; las palabras del mensaje saldrían apresuradamente de sus labios, con cierto tonillo de escuela y no perfectamente pronunciadas ... Sin embargo, desde aquel momento, los que en verdad buscaban una palabra del cielo como estímulo y advertencia, ya sabían a qué atenerse. «Yo distinguí claramente -dice doña María- la voz infantil de Con– chita leyendo el mensaje... » Después, porque a las niñas no se les había oído bien (diario, pág. 38) , repitieron la lectura en voz alta dos hombres. Así quedaba suficientemente proclamado lo que en aquel momento se debía saber. Sobre la noche de Garabandal, sobre la noche del mundo, flotaban ya unas palabras precisas, aunque simplicísimas: si a causa de esto, de no tener nada de sensacionales, muchos apenas les conce– derían atención, otros, los que buscaran en verdad ser «hijos de la Luz», podrían encontrar en ellas suficiente contenido para dar pábulo a grandes reflexiones: «Hay que hacer muchos sacrificios, mucha penitencia; visitar al Santísimo; pero antes, tenemos que ser muy buenos. Y si no lo hacemos, nos vendrá un castigo. Y a se está llenando la copa, y si no cambiamos, nos vendrá un castigo muy grande». 32 Estaba firmádo por las cuatro: Debajo del nombre, cada una había puesto su edad: Conchita González, doce años. M3.ría Dolores Mazón, doce años. Jacinta González, doce años. Mari Cruz González, once años.
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