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Se fue con prisas a la mor..taña 247 La voz corrió en seguida por todos los grupos: «¡A los Pinos! ¡A los Pinos!», y hacia allá empezó a moverse la mc.sa (bastantes estaban ya allí) bajo el terrible aguacero. «Marchábamos -nos dice doña María Herrero- a trompicones en la oscuridad, chapoteando en una especie de riada de lodo, piedras y palos que bajaba de la vertiente de los Pinos; nos caíamos, rodábamos a veces, gateábamos echando mano a las pie– dras grandes del suelo o a las zarzas de las orillas (había gente mayor que estaba a punto de abandonar) ... Y a pesar de tantas caídas y trom– picones, no supe de nadie que se rompiera un hueso o se lastimara en lo más mínimo. ¿No le parece asombroso?» Mientras tanto, don Valentín reunía a las niñas. Parece que al menos Conchita le ofreció alguna resistencia, por no estar conforme con que se hicieran así las cosas; pero él la obligó a salir de casa para ir a leer el mensaje. Oigamos de nuevo a nuestra testigo: «Debo confesar que yo acabé la subida de bastante mal humor: entre el miedo que me causan las multitudes desordenadas, la lata que me dieron a lo largo del trayec– to, preguntando y preguntando sin cesar, y la contrariedad de no en– contrar allí un puesto a gusto, me fui enervando notablemente.. Por fin, me situé arriba de los Pinos, como a unos setenta metros de ellos, en la pendiente de la derecha; la multitud me in:pedía acercarme más. No se veía del todo mal, porque había muchas linternas encendidas. «Al cabo de un rato, de improviso, entre una multitud que las envol– vía, y protegidas por varias parejas de guardias a caballo, aparecieron a ciertas distancia las cuatro frágiles siluetas de las niñas ... 31 «Cuando ya estuvieron arriba, el agua-nieve que nos calaba y casi cegaba, dejó de caer; las. nubes negras y bajísimas empezaron a ser tanto para él como para su pueblo. Antes de empeñar combate con los filisteos, de conocida superioridad bélica, debe esperar él en Gilgal durante siete días, hasta que llegue el mismo Samuel y ofrezca un holocaustrc para aplacar al Señor.. . Pero Saúl no fue capaz de llevar bien las cosas hasta el fin; al ver que Samuel no acababa de llegar, y que se le desmoralizaba el ejército, y que los filisteos podían atacar de un momento a otro, pidió lo necesario para un sacrificio y ofreció por sí mismo el holocausto.. . «Apenas había acabado, llegó Samuel. Saúl salió a su encuentro para saludarle, pero Samuel le dijo: ''¿Qué has hecho?".» Fueron inútiles las justificaciones de Saúl; el profeta sentenció: "Has obrado como un insensato, al desobedecer las instrucciones del Señor tu Dios. El estaba ya para afirmar tu reino sobre Israel por siempre; mas ahora, tu reino no per– durará"». En· aquel no seguir fielmente las disposiciones de Dios, empezó la re– probación de Saúl. 31 Así, corno perdidas en aquel mar humano, bajo un cielo hosco, desamparadas frente a la magnitud de los acontecimientos, eran verdaderamente la imagen de la fragilidad. ¿Qué fuerza podían tener aquellas criaturas, que en circunstancias normales no hubieran significado nada para nadie? «Precisamente lo que hay de necio en el mundo, es fo que Dios ha querido escoger para: confundir a los sabios, y lo que hay de débil en el mundo es lo que ha escogido El para confundir a la Fuerza, y lo que no tiene casi nombre, lo que se desestima, lo que casi nó es, es fo que El se ha querido escoger para doblegar a los muy pagados de lo que son, a fin de que nadie pueda engreírse en su pre– sencia». Lo dejó proclamado para siempre el apóstol San Pablo en su Primera Carta a los Corintios (1, i7-29).

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