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Se fue con prisas a la montaña 245 (En tal ambiente hubiera encajado bien 1a recitación del salmo 17: «Tembló y retembló la tierra; vacilaron los cimientos de los montes ... Dios inclinó el cielo y bajó con nubarrones debajo de sus pies; iba como sobre un querubín, cerniéndose sobre las alas del viento, envuelto en un manto de oscuridad; le rodeaban denso aguacero y nubes espesas, que al fulgor de su presencia se deshacían en centellas y granizo: el Señor tronaba desde lo alto... ») «Aunque encontré refugio en una casa, donde me dieron de comer, no podía sustraerme al ambiente de las calles y callejas, animadísimas, en las que podían oírse diversos idiomas, aunque predominando, natu– ralmente, el español (creo que sólo entre los religiosos había una mayo– ría extranjera). «El comportamiento del público no era uniforme. Había bastantes mujeres que se portaban mal: bebían., estab2.n disipadas, sin espíritu de oración... , y algunas hasta se reían de lo que pudiese suceder, qui– tándole importancia o atribuyéndolo al demonio. Los hombres, en ge– neral, mostraban mayor respeto; y también los jóvenes, que se encon– traban allí en gran número. «El espectáculo era ciertamente curioso; y era. fácil comprobar que quienes habían subido con buena fe, .estaban contentos, animados, con las mejores esperanzas: rezaban, y no se cuidaban mucho de las incle– mencias del tiempo. Y, probablemente, muchcs de ellos ni siquiera ha– bían comido... «Ante cada una de las casas de las niñas v:.dentes estaban apostadas parejas de la Guardia Civil a caballo, impidiendo la entrada de los in– numerables curiosos que buscaban a toda costa conocer, hablar y besar a las niñas, verdaderas protagonistas de aquella concentración a escala internacional. En la única casa en que yo log:-é entrar fue en la de Ja– cinta, cuya madre, María, me apreciaba, y fue conmigo de una gentileza que nunca podré olvidar». La hora H Ya antes de media tarde empezaron muchos a tomar posiciones, para asegurarse puestos de preferencia en los probables escenarios del «acon– tecimiento». Pero había discrepancia sobre este punto: unos decían que sería en los Pinos, como tantas otras veces; otros, que en la calleja... ; otros, finalmente (parecían más enterados), que en la iglesia. Conchita, al hablar en su diario (pág. 37) de la aparicñón del día 4 de julio -tercera aparición de la Virgen-, escribe: «La Virgen, siempre sonriendo; lo primero que nos dijo fue: "¿Sabéis lo que quería decir el letrero que traía el ángel debajo?", y nosotros exclamamos a la vez: "¡No, no lo sabemos!", Y dice Ella: "Quería decir un mensaje, que os
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