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Se fue con prisas a la montaña 241 la noche. Y los que dormían o intentaban dormir por villas y aldeas, tenían como arrullo el monótono son de goteras y canalones... * * * Antes que la luz del día 18 de octubre lograse filtrar su claridad a través de la inmensa bruma, muchos vehículos de todas clases empe– zaron a poner en marcha sus motores. Y esta puesta en marcha duró largas horas en la mañana. «El 18 de octubre de 1961 -nos dice doña María Herrero en sil relación- amaneció lloviendo a cántaros en toda la provincia de Santander. Nosotros salimos a buena hora de la capi– tal de la Montaña, y ya en el alto de Carmona 22, tuvimos que ponernos en caravana, una larguísima caravana de coches, que nos precedían, y que sin duda iban, como nosotros, hacia San Sebastián de Garabandal. «De Puente Nansa a Cossío hay tres kilómetros; pues bien, yo creo que al menos uno tenía ya sus cunetas totalmente ocupadas de autoca– res y turismos vacíos. Logramos llegar a Cossío, y difícilmente pudimos encontrar un palmo de terreno donde dejar nuestro coche. «Y ahora teníamos por delante seis kilómetros terribles. La lluvia, que no paraba, había convertido todo el camino de subida en un lo– dazal. Sosteniendo en una mano el paraguas y manteniendo libre la otra para los resbalones, emprendimos la marcha a pie. Había trayec– tos en que lograbas dar un paso, y luego, por el suelo resbaladizo, reculabas, a lo mejor, dos.» «Recuerdo aquella ascensión como un verdadero camino del Calva– rio... buen símbolo del sacrificio y la penitencia que se nos iban a pedir a todos con el mensaje. ¡Más de tres horas duró nuestra penosísima marcha, a pesar de que la quisimos acortar tomando un atajo, que luego nos resultó bastante más duro que el acostumbrado camino.» Lo que así vivió nuestra testigo, lo vivieron también y simultánea– mente, miles de personas de toda edad y condición ... Muy fuerte tenía que ser la esperanza o el anhelo que las sostenía. Ni por «contagio de histeria», ni por tomar parte en «un juego de niñas», se hacía aquello. A través de todas las penalidades, a pesar de los cuerpos maltrechos, los corazones tenían letra y música de salmos: «Hacia ti, morada santa; hacia ti, tierra de salvación... peregrinos, caminantes ... ¡Vamos hacia ti!» El pueblo, bajo la lluvia implacable, se iba colmando de esos cami– nantes peregrinos que no cesaban de llegar. ¿Cuál era el ambiente? «-Llegamos -nos dice doña María- hacia la 1,30 de la tarde. La muchedumbre lo invadía todo... en espera del «acontecimiento». Porque yo creo que todos esperábamos no sé qué, algo verdaderamente extra– ordinario; confieso que yo también lo esperaba, a pesar de que pocos días antes me habían advertido Loli y Jacinta (como advertían a tod9 el que quería oírlas), que no había por qué esperar «milagro» alguno, 22 Viniendo de Santander, el camino más directo para Garabandal era dejar en Virgen de la Peña o en Cabezón de la Sal la carretera general, la N-634, y meterse por la izquierda hacia Cabuérniga, para cambiar nuevamente aquí de carretera, y seguir a la derecha por la transversal- a Puente Nansa. En el Collado de Carinona está ese alto que dice doña María,-pequeño puerto de 622 metros, que tiene a una vertiente la cuenca del Nansa y a la otra: la del Saja.
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