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Se fue con prisas a la montaña 239 que la niña venga otra vez a mí y cese de pronto en su éxtasis; así yo podré creer. Ya veis lo que ha ocurrido ... No me preguntéis más». Aquellos dos hombres, que habían llamado la atención por su ac– titud; eran sacerdotes; uno de ellos, según parece, cura párroco en Tu– rón, importante centro minero de Asturias. Naturalmente, nosotros podemos pedir «pruebas» a Dios; pero no tenemos derecho a exigirlas según nuestro gusto; si El condesciende, ¡loado sea su nombre! En nuestro caso aún hubo más. Conchita, una vez acabado el éx– tasis, no tenía nada que hacer a aquellas horas en tal lugar, por lo que tomó el camino de su casa. Pero casi no había salido de la plazoleta, cuando entró de nuevo en éxtasis ... y otra vez se arremolinó gente en su derredor. Nuestro «difícil» cura aún quiso más de lo que había re– cibido, y como que exigió entonces en su interior: «Si la niña vino a mí antes por conocer sobrenaturalmente que yo era sacerdote, que me lo demuestre de nuevo, y venga a darme a besar ·otra vez el cru– cifijo y que me santigüe varias veces» (cosa que no había hecho con ninguno). La reacción de la niña a esta nueva y secretísima exigencia fue ma– ravillosa, dejando satisfecho a aquel ministro de Dios, que tan en el papel de Santo Tomás había actuado durante la inolvidable noche. Pero no es raro que Dios dé aún más de lo que se le pide, y esto sucedió a nuestro hombre, del que nadie sabía que era cura; al ver que otras personas alargaban a las niñas, en los momentos del adiós, estam– pas o fotografías para que S€ las firmaran, también él presentó una... y pudo leer después en ella una dedicatoria ¡con clara mención de su estado sacerdotal! Empieza la congregación de la esperanza El 17 de octubre tuvo en Garabandal todo el aire de unas grandes e ilusionadas vísperas. Iban llegando los adelantados de la innumerable masa expectante... Y por todos los caminos, por todas las callejas, en todos los hoga– res, y en todos los corazones, de avecindados o de forasteros, el mismo interrogante: «¿QUE PASARA MA&ANA 21?» Durante toda la jornada, se habló, más que se trabajó, en Garaban– dal. La tensión de espera era demasiado grande, para poder aplicarse en forma a trabajos que no fuesen ineludibles. Esa tensión de espera estaba empapada, en unos, de gozosa segu– ridad... ; en otros, de preocupado desasosiego: ¿y si no ocurriera nada?, ¿qué destino aguardaba a TODO lo de Garabandal, si la masa que esta- 21 Del brigada don Juan A. Seco: «La víspera del día 18 subí a Garabandal con catorce parejas a mis órdenes, por lo que pudiera suceder. Conchita, en éxtasis, se acercó a mí, y a mí solo me dio a besar la cruz, lo que para mí significaba como una garantía de que todo saldría bien, a pesar de la enorme cantidad de personas que habrían de congregarse y de la lluvia torrencial que estaría cayendo todo el día... »

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