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238 le había visto todavía, y transmitir al mismo tiempo un encargo. Hizo unas caricias al pequeño, y al padre le dijo, recalcando suavemente las palabras: «Me ha dicho la Virgen, que no se preocupe». También Ja– cinta,. que venía entonces extática de la calle, precisamente en busca de dicho señor, repitió «de parte de la Virgen» las mismas palabras de seguridad respecto al pequeño 19. Me hubiera gustado seguir el rastro de él, pero hasta la fecha no lo he conseguido. Contemplando los diversos lances de aquella «velada», había un nu– meroso grupo de espectadores, entre ellos los asturianos que dijimos. Eran casi todos muchachos, pero dos hombres entre ellos parecían ha– cer de guías o responsables. Les decía uno: «Observad con toda aten– ción y no os dejéis sugestionar, porque estas cosas ... » A eso de las 10,30 de la noche se encontraban frente a la antigua casa de Ceferino. Llega entonces Conchita en éxtasis, se les acerca y empieza a dar a besar el crucifijo ... Los dos hombres se guardan de ella, y para esconderse mejor, suben por la escalera exterior de una casa que estaba allí al lado 20. La niña, en aquella su postura de cabeza increíblemente echada hacia afrás, por tanto, sin verles a ellos ni la escalera, trepa milagrosamente por ésta y les presenta a besar el cruci– fijo: el primero de ellos lo esquiva visiblemente, torciendo el rostro; pero la niña logra santiguarle dos veces con la sagrada imagen; insiste de nuevo para que la bese, y otra vez rehusa aquel hombre; por tercera vez le-santigua la niña, con una extraña dulzura en los ademanes ... y ¡sólo entonces el hombre se rinde y pone sus labios en el crucifijo! Casi lo mismo ocurrió con su acompañante. Conchita desciende rp.ajestuosamente de la escalera y va donde el brigada de la Guardia Civil, para darle a besar el Santo Cristo. Impen– sadamente se torna y de nuevo marcha hacia los dos señores mencio– nados, poniéndoles delante el crucifijo, y ¡otra vez ellos rehusan besar! Los circunstantes estaban entre indignados y escandalizados... La niña, de golpe, vuelve en sí, y todos pueden ver al más obstinado, tembloroso y como si le hubiese dado un mal; va a ocultarse a una esquina, a don– de le siguen algunos de sus muchachos: «Pero don X, ¿qué le ha pa– sado?» -«Dejadme, dejadme... ». Por fin confesó: «Ya habéis visto cómo yo rechazaba el crucifijo que me ofrecía la niña... Pues bien, después de besarle al fin, he pedido mentalmente a Dios una prueba: Dios mío: si de veras es sobrenatural todo esto que está ocurriendo, 19 Según las notás de don Valentín, parece que este episodio del niño enfermo sucedió, no el día 16, sino el 17; tal vez en la noche del 16 al 17: «Loli, en éx– tasis, fue donde estaba un niño enfermo, lo santiguó varias veces y le dio a besar la cruz. Fue una escena muy emocionante, porque el padre del niño lloraba: y pedía a gritos su curación». 20 La llamada «casa de los mozos», pues, al estar deshabitada, les servía a éstos para sus reuniones y fiestas (hace pocos años fue derribada, y en su solar se ha levantado una casa de huéspedes que .desdice totalmente del típico caserío del pueblo); tal escalera constaría de una media docena de peldaños de piedra sobre el nivel de la calle.

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