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236 Parece que aquello ya no le dejó tan «frío» a don Ml[lximo... «Cuando marchó la niña, nos pusimos, natúralmente, a comentar todos los detalles; y el Padre me confesó que había pedido muy de veras, en su interior, que la niña, antes de marcharse, me diera tam– bién a mí a besar el crucifijo. Tuve para pensar durante las pocas horas que quedaban de la noche». De esto mismo ha dado el P. Andreu una referencia con más por– menores y viveza. Poco después de haber besado el crucifijo que le ofreciera Jacinta, vio él que ésta empezaba a santiguarse y a ofrecer sus mejillas a unos besos invisibles: señal inequívoca de que el éxtasis iba a concluir. En– tonces él, rápidamente, formuló en su interior una petición a la Virgen: que la niña diera también a besar el crucifijo a don Máximo .. . (el buen señor, horas antes, había seguido a las videntes en sus trances, sin ob– tener de ellas ninguna muestra de atención; más bien, lo contrario, pues cuantas veces ellas dieron el crucifijo a los circunstantes, siempre le saltaron a él). Apenas había el Padre formulado su secretísima petición, Jacinta se detuvo y exclamó: «¿Qué?» Quedó en actitud de escucha, y añadió en seguida: «¡Ah!» Empezó a inclinarse más y más hacia atrás, hasta que pudo llegar con el crucifijo a la boca del señor Forschler, a quien no podía ver, por tenerle a su espalda... Instantes después, volvió la niña en sí. ¡Ya era hora de ir a descan– sar! Los relojes estaban a punto de dar las cuatro de la madrugada de aquel domingo, 15 de octubre. «Clareaba ya la mañana de ese día, cuando se presentaron varios franceses, y detrás, uno de los dos médicos, a preguntar por el Padre. Serían las ocho, .aproximadamente. El Padre dijo al médico que habían cesado del todo los dolores, y que podía mover el pie sin dificultad. Era bastante sorprendente; mas como medida de precaución le aconse– jaron que no pisara con aquel pie, y que aguardase la llegada de una ambulancia que se podía pedir a la «Casa Valdecilla» 11, de Santander: la lesión había sido seria y, normalmente, tardaría de quince a veinte días en curq.r». También sobre esto tenemos más pormenores del padre Andreu. El médico encontró al Padre sentado en el borde de la cama: -Pero ¿qué hace usted, Padre? -Ya ve: trato de levantarme... -¡No haga usted eso! Es un disparate. Vamos a ver el tobillo ... El médico se puso con una rodilla en tierra, para examinarlo me– jor. Luego levantó la cabeza hacia el Padre, mirándole de cierta mane– ra, y le dijo: -¡Qué bromista es usted! Vamos, enséñeme el tobillo malo. 17 La «Casa de Salud Valdecilla:» es una verdadera institución -la máxima ins– titución,- en la capital de la Montaña para todo lo que se refiere a labor sanitaria; está constituida por un conjunto de pabellones que ocupan considerable terreno. Se debió su fundación a un ilustre emigrante de la tierra, que amasó en Cuba una gran fortuna: doJl _Ramón Pelayo. Por su obra filantrópica, el rey Alfonso XIII le otorgó el título de Marqués de Valdecilla, del pueblecito donde había nacido, en fas inmediaciones de Solares. También de aqui recibió nombre su Casa de Salud.
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