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Se fue con prisas a la monraña 235 «Por causa de lo ocurrido, llegamos a San Sebastián de Garabandal muy tarde, sobre las once de la noche. Pero con la suerte de poder pre– senciar, apenas llegados, dos éxtasis .. . Confieso que entonces no me impresionaron lo más mínimo. «Nos retiramos a la casa donde teníamos hospedaje (para el P. Ramón María Andreu, las casas del pueblo estaban abiertas); y, en seguida, a eso de las doce, el Padre se puso muy malo, con mareos, sudores fríos, fortísimos dolores en el tobillo izquierdo, que aparecía muy in– flamado ... Había en el pueblo un médico de Santander y un especia– lista en huesos, de Burgos 14 ; se les llamó, y después del reconocimien– to, diagnosticaron que, aparte del evidente derrame, había probable fractura del tobillo, o seria fisura , como mínimo. Le aplicaron un ade– cuado vendaje y una bolsa de hielo que se pudo encontrar, y entre varios le llevamos en brazos a la cama: sus dolores ·-eran horrorosos 15 • «Como viejo amigo del padre, quedé yo a cuidarle durante la noche, en una segunda cama que había o dispusieron en la habitación. «Después de muy largo rato -debían de. ser ya las tres y media de la madrugada- empezamos a oír ruido en la calle, y que la gente pedía a voces que la dueña de la casa abriese la puerta, porque Jacinta estaba allí en éxtasis, queriendo entrar. «Bien pronto apareció en la habitación, se fue hacia el Padre y le dio a besar el crucifijo 16 ; a continuación habló con él algo que yo no pude entender... Empezaba ya la niña a tener ademanes o gestos como de despedida de la visión, cuando de repente se para: hace una flexión hacia atrás, hacia donde yo estaba, y me da :ambién a mí el crucifijo a besar ¡por dos veces!» 14 La casa donde se alojaban el P. Andreu y el señor Forschler era la de la señora Epifania, «Fania». Los doctores eran don Celestino Ortiz Pérez (Santander) y el señor Renedo, de Burgos. 15 Tan fuertes eran sus dolores, que no pudo ni aguantar sobre el pie el lige– rísimo peso de una sábana que le extendieron encima para que no lo tuviera total– mente al descubierto. El hielo de la bolsa era el único hielo que pudo encontrarse en el pueblo y se lo trajeron de la nevera o frigorífico del indiano. . En Santander han venido llamando "indianos" a los emigrantes de la tierra que han logrado hacer alguna fortuna en países de América, las «Indias» de nues– tros antepasados. La emigración santanderina a ultramar se ha orientado preferen– temente hacia Méjico y Cuba. 16 Jacinta entró en la habitación, enarbolando el crucifijo en la mano y diciendo a la Visión, con un habla muy de aquellas gentes: «El Padre está ¡mu malísimo! (acentuaba extrañamente la fonética esdrújula de estas palabras) . ..Cúralo. Que delira ¡cuánto!... Cúralo». En el mismo momento en que el Padre besaba el ::rucifijo que le tendía la niña, le desaparecieron por completo los dolores. Pero él se cuid6 muy bien de decirlo delante de la gente que acompañaba a Jacinta -algunos habían venido hasta de Sevilla, Cádiz y Jerez-, por miedo de que todo se debiese a la tremenda emoción del momento; el hombre se dijo a sí mismo: «Aquí, ¡todo, menos hacer el ridículo! Y te callas como un muerto»... ¡El resabio del intelectualismo, que tan poco favorece la actitud evangélica del «Si no os hiciereis como niños...»! Un hombre que se estime, más un intelectual, tendrá menos miedo ª· ser tenido por malo, que a ser tenido por tonto.

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