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228 ¿Qué pasaría entonces aquel ya próximo 18 de octubre? Las nmas venían hablando de un secreto, que hasta dicho día no podría revelar– se... ; de un mensaje, que en tal fecha debían hacer público... Y aunque, como vulgarmente se dice, «no soltaban pre,nda» de lo más interesante que ocurría entre ellas y los misteriosos personajes de sus apariciones, .algún desahogo se les escapaba de cuando en cuando, que contribuía a calentar la fantasía y los anhelos. Por ejemplo, sus parcas alusiones a un futuro milagro, que podría convercer a todos... «-¡Qué bonito es el Milagro! -se había oído a Conchita en un éx– tasis del 3 de septiembre-. ¡Cuánto me gustaría que lo hicieras pron– to! ... ¿Por qué no lo haces ahora ya? Hazlo, aunque no sea más que para los que creen ... A los que no creen, les es igual» 4. ¿Cómo no su_porter que aquel próximo 18 de octumbre, tan señalado en el misterioso dispositivo de Garabandal, sería de verdad una jor- nada impresionante? . Sin embargo, había advertencias de las niñas como para poner cierto freno a aquella desaforada expectación. Ya hemos visto en el capítulo anterior la visita que hizo a Garaban– dal un día de verano el suegro de don Plácido Ruiloba. «Al día siguien– te -testifica este último-, mi suegro, acompañado de dos de mis hijas, se encontr6 con Mari Loli, y él, que estaba profundamente emocionado con lo que ya había visto el día anterior, se despidió así de la niña: "Hasta el 18 de octubre. Ese día volveré, pues creo que va a haber un milagro y subirá mucha gente". · -¡Por. favOr -replicó muy vivamente Loli-, por favor!, usted no se moleste en venir, que no va a ocurrir ningún milagro. Nosotras, por lo menos, no lo hemos anunciado; lo único que hemos dicho es que va– mos a dar un mensaje, y éste lo puede usted conocer en Santander, sin necesidad de desplazarse. Entiéndame bien, se lo ruego: nosotras no hemos anunciado ningún milagro». A pesar de puntualizaciones así, la gente seguía en su espera, con– fundiendo las propias suposiciones y deseos con lo que tenía que su– ceder. Octubre iba a ser, pues, el mes del gran día. Pero octubre tenía ya en sí mismo bastante grandeza. Su clara dimensión mariana, como mes del rosario, le parangonaba con el otro mes de María, mayo, mes de las flores, y le distinguía piadosamente entre los meses del afio. Por eso, en las horas de Garabandal, con la entrada de octubre, pa– recían matizarse los rezos con un nuevo fervor; y ¡como nunca! se ofrecían a la Virgen las coronas o ramilletes de espirituales rosas s que florecían en la boca de sus hijos todos los atardeceres. Cualquiera hu– biese podido decirles entonces: 4 Según las notas de don Va,Ientín, en la noche del 3 al 4 de septiembre tuvieron Jacinta, Loli y Conchita urt éxtasis muy espectacular, muy movido y muy pro– longado... Hacia las tres pe la madrugada estaban las tres "caídas" ante la puerta de la iglesia, formando un grupo de singular devoción y belleza. Fue entonces cuando se oyó a Conchita esas palabras sobre el Milagro. s «Rosario» viene de rosa, y quiere decir, etimológicamente, un conjunto bien dispuesto de rosas; como «relicario», de reliquias, y «vocabulario» de vocablos. Las rosas son las avemarías.
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