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CAP1TULO XI TRAS DE LA GRAN ESPERA, UNA GRAN DECEPCION Hay en el extremo oriental de Asturias, lindando con las tierras san– tanderinas en que se esconde San Sebastián de Garabandal, un doble ayuntamiento que recibe su nombre de Peñamellera, el esbelto, agudo y singular picacho que domina la comarca, de espléndida belleza. En torno a la confluencia del Deva y el Cares, dos ríos salmoneras, el ayun– tamiento o concejo de Peñamellera Baja, con capitalidad en Panes, y aguas del Cares arriba, el concejo de Peñamellera Alta, con centro en Alles. Cerca de Alles está Ruenes, con su paisaje de bosque y praderías por las laderas de los montes o en el seno de breves hondonadas; y en Ruenes, por estos días de mediados de septiembre de 1961, había algu– nos forasteros, que por tener relaciones con el pueblo, allí pasaban unas gratas vacaciones. La gente comentaba con frecuencia las cosas que se decían ocurrir en el puebfoco montañés de San Sebastián de Garabandal. .. ·¿Quién resistía a la tentación de acercarse al lugar de aquellos famosos sucesos? Los forasteros de que hablamos no la resis– tieron, y acordaron aprovechar su viaje de regreso a Madrid; el rodeo de unos cuantos kilómetros no tenía demasiada importancia. . Así pues, un día de ésos («después del día 9 y antes del día de San Cipriano», que es el 16), bajo un sol espléndido_ llegabán a Garabandal: Adriano Peón, cubano oriundo de Asturias, Carmen Pilart, navarra del Roncal, y. Elena Cossío Nevares, con raíces de antepasados en Ruenes. Esta es la que me informa: «Han pasado ya nueve años; pero todo lo de aquel día me ha quedado en el recuer do como si hubiera sido ayer».
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