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218 plicidad, y que esos juegos, tan desestimados, a pesar de su maravilloso encanto, hayan sido en su caso "margaritas tiradas a los puercos" (Mt 7, 6),» No debe sorprendernos la «extrañeza» de muchos ante esos «juegos» que tan mal parecían encajar en el curso de unos fenómenos que se pretendía tener por sobrenaturales ... ¿Cuál podría ser su sentido? ¿Dón– de aparecía en ellos esa intención o dimensión «salvífica» de que veni– mos hablando en este capítulo? Porque con esa intención o dimensión hay que contar en todo abrirse del Cielo hacia la tierra. Confieso mi propia perplejidad, junto a mi convicción de que no puede pedirse a Dfos que todo su proceder hacia nosotros nos resulte, ya desde el principio y en todos sus detalles, satisfactoriamente in- teligible. · Pero me he encontrado con algo, que me parece bastante fundado, y que tal vez nos desvele la pedagogía divina que podría ocultarse en los extraños juegos de Garabandal. Del 6 al 7 de septiembre de 1969, un grupo de «garabandalistas» franceses se congregaban para una reunión de espiritualidad en Candé– sur-Beuvron. Entre otras conferencias interesantes, hubo una de la se– ñora Le Pelletier de Glatigny (María Teresa) sobre «Catechese Mariale á Garabandal»; de ella reproduzco estos puntos: «Entre las lecciones importantes del "Catecismo" de la Virgen en Garabandal, quiero señalar algo que, bajo su apariencia infantil, me pa– rece toca el fondo mismo de nuestra vida espiritual. Me refiero al juego del «escondite», que más de una vez "entretuvo" a la Virgen con las niñas ...» «Cuanto más medito sobre ese fenómeno, más creo entrar en su oculto sentido.» «Ustedes lo saben: no son pocas las mamás que, cuando tratan de enseñar a sus pequeños a caminar por sí solos, recurren frecuentemente a la estratagema de esconderse detrás de una puerta, detrás de un árbol, . y desde allí llaman, como obligando amorosamente al niño a ir en su busca. Y así éste, aun a su pesar, va entrenándose y afianzándose en algo tan necesario como el caminar por su propio pie.» · «Algo así debió de intentar la Virgen. Todos lo sabemos: en la vida espiritual, después de empezar regalando al alma con las alegrías de su presencia sentida, el Señor como que se retira o esconde, dando ocasión al alma para que le busque con mayor afán y sin consolaciones sensibles... » «María, que conoce bien los secretos inefables de la vida divina en las almas, para poner cosas demasiado profundas al alcance de aquellas pobres niñas de aldea, recurrió a la enseñanza viva del juego del «es– condite»: el sufrimiento que entonces sentían al verla desaparecer, el anhelo y atención que ponían en volver a encontrarla, lo deberán ellas traspasar algún día a las vicisitudes de su vida espiritual, que no tendrá nada de fácil.» Entre el 15 de julio y el 8 de agosto de 1970, madame Le Pelletier de Glatigny está en Garabandal. Un día, hablando .con Conchita, le pre– gunta si sabe algo de su conferencia de Candé. Recibe una respuesta negativa, y entonces ella explica a la joven cómo pueden entenderse
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