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Se fue con prisas a la montaña Meditación bajo las estrellas 217 Con otro relato, que me parece realmente bello e interesante, vamos a contemplar una vez más cómo se empleaban, piadosa y penitencial– mente, las «velas» nocturnas de Garabandal. Se lo debemos a la ya mencionada doña María Herrero de Gallardo, y forma parte de su comunicación al Santo Oficio, fechada el 2 de fe– brero de 1968. Da cuenta de lo que ella vivió pocos días más tarde de cuanto nos ha referido don Julio Porro Cardeñoso. Exactamente el 12 de septiembre, jornada también mariana por celebrarse en ella la fiesta del Dulce Nombre de María. «-Este día comenzaron los éxtasis hacia las cinco de la tarde, y se prolongaron hasta bien entrada la noche, con muy ligeros intervalos, como aquel en que Conchita dijo a su madre: "Mamá, dame en seguida la merienda, porque la Virgen va a volver", o el otro de Jacinta: "La Virgen me ha dicho que descanse un poco, porque no tardará en vol– ver". Su éxtasis precedente había durado largo rato, y la posición de su cabeza, tan echada hacia atrás, había tenido que afectada. Pero muy poco después de haber dicho lo que anteceJe, Jacinta quedó nueva– mente extática: su descanso no había durado más de tres o cuatro minutos 24 .» «Creo que fue este día cuando yo vi a las niñas jugar claramente al escondite con su visión, aunque al principio no entendía muy bien lo que estaban haciendo. Las veía deslizarse cautelosamente, sobre la punta de los pies, procurando no hacer ruido y pegándose de espalda a las paredes, hasta la esquina de la calle. Allí, iban sacando la cabeza poco a poco, en ademán de querer sorprender a alguien que se escondía de ellas ... De golpe, como si hubieran descubierto lo que buscaban a la vuelta de la esquina, lanzaban gritos de alegría y echaban a correr en su seguimiento... Era de verdad encantacor contemplar este juego de las niñas: evidentemente allí había una Madre que disfrutaba entre– teniéndose con sus pequeñas.» «Yo sé que algunos no gustaban de esos juegos, los tenían por cosa banal, impropia de una aparición sobrenatural, y los miraban desdeño– samente. Temo que esos tales no sepan nad~ del don de la santa sim- :z4 Conio dato curioso, recojo esto de las notas de don Valentín sobre la tarde del 12 de septiembre: Hacia las seis, Loli, que salía de su casa en éxtasis, se acercó muy especial– mente «a un señor que ya había venido más veces; el público decía que era Bal– duino» (el Rey de los belgas). «Jacinta va casa por casa, y hace una cruz en la cama de los enfermos... Me volvió a encontrar por la calle y me santiguó. .. A las seis treinta pasa rezando el rosario y hace una cruz en los coches de los que habían subido al pueblo». Refiere don Manuel Lantero, industrial maderero de Gijón (que podría contar mucho de sus frecuentes subidas a Garabandal): «Un día yo tenía el coche frente a la casa de Conchita, en un prado cercado, cuya entrada se cerraba con una portiña o angarilla hecha de travesaños; vinieron las niñas en éxtasis y por dos veces se dieron contra los barrotes...; pero al fin saltaron con extraordinaria gracia, fueron al coche y lo signaron con la cruz solxe la carrocería y el parabrisas. No quedó ninguna señal».
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