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216 indelebles en no pocos corazones. Hasta la aspereza y dificultades del camino que llevaba al pueblo, o que de él subía a los Pinos, eran todo un símbolo de la ruta penitencial o ascética que habían de seguir quienes quisieran «ent1ar» en la marcha, tantas ,veces desconcertante, de aquellos fenómenos 22. La «nocturnidad» de Garabandal, ¿es precisamente algo nuevo en la experiencia de los cristianos? ¿No sabemos más bien, que las horas de la noche aparecen en la Historia de la Salud como horas predilectas para el «admirabile commercium» entre Dios y los hombres? Recorde– mos algunos datos archisabidos: de noche recibe San José la aclara– ción sobre el gran secreto de María, del que estaba pendiente nuestro bien; a media noche se sitúa el alumbramiento a este mundo del Hijo de Dios e Hijo del hombre; y las horas de la noche serían luego las que preferentemente dedicara El a la oración durante su vida pública... ¡Pero si el mismo acontecimiento cumbre de toda la Historia, y más especialmente de la Historia de la Salud 23, se nos presenta como rea– lizándose en el misterio de la noche! Con palabras de la Sabiduría (18, 14-15) empieza solemnemente la misa del domingo de Navidad : «Cuando un silencio de paz envolvía todas las cosas y la noche alcan– zaba la mitad de su curso, tu Verbo todopoderoso, Señor, se nos vino del alto cielo, desde su trono real». Y algo aparece evidente por las vidas de los santos: que en las horas de la noche tenían lugar con preferencia sus grandes comunicaciones con Dios. .Como si El se complaciera en tratar con sus mejores amigos precisamente en las horas en que otros más suelen ofenderle... No hay por qué asociar tan fácilmente las horas de las tinieblas a la acción del Poder de las Tinieblas. Por eso me parece ligero y desor– bitado querer encontrar en :esto de «la noche» un signo de mala pro– cedencia para las cosas de Garabandal. .. Por otra parte, quien andu– viese a la busca de sombras como amparo para sus deshonestidades, no tenía por qué acudir allí: por todas partes hay abundancia de noches y de sombras con que cubrir las vergüenzas de una vida indigna. Es menester que, según el apremio del apóstol, «nos despojemos de las obras de las tinieblas y nos revistamos de las armas de la luz» (Rom 13, 12); pero sabiendo que esto no tiene directa .Felación con la presencia o ausencia del sol sobre nuestros horizontes. faltar a la modestia a pesar de su difícil posición... Visitaban a los enfermos, re– zando el rosario, y así entraron en casa de Jacinta, que estaba en cama con una afección de anginas. Eran las dos y pico de la madrugada: La Virgen les ha dicho que recen otra vez el rosario... El rezo resulta perfecto. Todo acaba con unos besos de las niñas á la visión y de la visión a ellas, y el cristiano modo de despedirse: "Hasta mañana, si Dios quiere". Las niñas se besan finalmente, y todos comenzamos a retirarnos. Eran más de las tres de la madru– gada: Desde· cerca de las diez habíamos estado en "danza" constante. Las videntes no están cansadas; nosotros, llenos de cansancio y sueño». Me parece que tenemos aquí un buen «specimen» de lo que eran las noches, las para algunos sospechosas noches de Garabandal. 12 «Estrecha es Ja puerta y angosto el camino que lleva a la Vida y son pocos los que se meten por él» (Mt 7, 14). 23 La Encarnación del Hijo de Dios.

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