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Se fue con prisas a la montaña 215 Sólo Ella tenía todas las explicaciones; pero también a nosotros se nos ocurren algunas, para no extrañarnos de que bastantes de aquellas cosas ocurrieran precisamente de noche. «Nunca -leemos en el informe del P. Andreu- han estado las vi– siones o fenómenos de Garabandal en función del mucho público, sino, más bien, al revés. De hecho, las más interesantes manifestaciones han tenido lugar cuan– do la masa de espectadores se había marchado». Así, pues, el que muchos de aquellos fenómenos fueran de noche, tuvo en primer término una virtud de selección: por no ser grato es– perar horas y horas, para encontrarse después con una noche del todo incómoda, en ,yela y casi sin descanso 19, muchos abandonaban «el campo» y se marchaban del pueblo, especialmente los que habían lle– gado como en plan de excursión, para entretenerse con un espectáculo nunca visto... ; quedaban, en cambio, los que sentían inquietudes serias, grupitos de personas que de verdad buscaba:i algo o querían saber a qué atenerse. Así, pocos en número -pero continuamente renovados-, podían observar mejor y asociarse al misterio que vivían las niñas, que era, físicamente, de alcance bien reducido. . La noche, ocasión tantas veces propicia para el pecar de muchos, quedaba marcada en Garabandal con un signo penitencial, de oración y expiación. Los que conscientemente se asociaban a las «divinas andan– zas» de las videntes, acababan sabiendo del gozo y de la dureza de aquellas horas de vigilia, que solían dejarles, corporalmente, maltre– chos o agotados. Los testimonios que podríamos recoger nos darían una lista interminable 20. Las noches de Garabandal, ¡que lo entiendan así los maliciosos o los demasiado precavidos!, no eran precisamente noches de pecado, sino de expiación de pecados y de oración por los pecadores; eran la vi– vencia de aquello que ya había dicho el ángel a los pastorcitos de Fá– tima: «Debéis orar mucho, diciendo así: "D:.os mío, CREO, ESPERO, ADORO y AMO... Y os ruego por los que no ~reen, no esperan, no ado– ran y no os aman... "»21. Por eso, aquellas noches han dejado huellas 19 En Garabandal no podía pensarse ni en una mala fonda, ¡cuánto menos en un hotel! A veces los vecinos prestaban o alquilaban alguna cama a personas que les merecían especial consideración; pero lo ordinario era tener que pa_sar las horas en vela o dormitando malamente en el coche. .- 20 A mano tenemos el de don Julio Porro, que dice así de su primera noche en Garabandal: «Al filo de las cuatro de la madrugada del día 9 de septiembre, me despedía del lugar; una vigilia así no se aguanta a la intemperie, después de haber recorrido un muy largo camino para llegar a tan ignoto rinconzuco mon– tañés, si en ella no· hay algo muy notable que presenciar y atestiguar» (O. c. núm. 50). 21 Lo que ya sabemos sobre el desarrollo de las noches garabandalinas, queda ahora confirmado con lo que don Julio dice de ésta entre el 8 y el 9 de se¡i, tiembre que él vivió: Después de lo ya dicho sobre el trance de Loli, csiguió una serie de fenómenos extáticos a cargo de ella y de Cop.chita: en las casas, por las calles..., en las más diversas posturas: en pie, de rodillas, postradas totalmente cara al cielo, senta– das con los brazos en cruz y moviéndose en esta posición por fas calles, pegadas al barro y pasando por encima de los morrillos... Las vi, en casa de Mari Loli, bajar sentadas las escaleras, brazos en cruz y la vista clavada en el cielo, sin
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