BCCCAP00000000000000000000758

214 Seguramente, fue también en estos momentos cuando, «a requeri– miento del párroco» una vez más, se hizo la punzante pregunta: «¿POR QUE ESTAS COSAS OCURREN DE NOCHE 18?» La respuesta no llegó en palabras ... ¡La cara o el semblante de la Virgen "se llenó de tristeza"! Y no era sólo tristeza: "La Virgen se puso seria", dijo luego Loli. Que cada uno trate de explicarse esa contestación ... Yo me pregun– to: ¿No tendría algo de reacción de madre, ante hijos que se creen con motivos para no concederle plena confianza, es decir, que han caído frente a ella en una actitud de reservas o de duda? Tal vez se ence~ rraba en esa muda respuesta un apenado reproche: Durante semanas y semanas os vengo dando pruebas -los limpios y rectos de corazón las entienden- de que soy yo quien está entre vosotros , yo la que actúa, yo quien reparte esos íntimos consuelos de que tantos podéis hablar, yo la que da secretas respuestas a tantos interrogantes vuestros ... ¿y ahora me venís con esto?, ¿es que aún no tenéis bastante para recono– cerme, y para estar, en consecuencia, seguros de que, aun cuando no lo entendáis todo, tiene ciertamente su porqué cuanto hago y también la manera de hacerlo? Los que en «la noche» encontraban motivo para desconfiar o negar, no reaccionaban mejor ante las pruebas «de día», que las hubo, y mu– chas. ¿Hubiera sido otra su actitud, de no haber encontrado el tropie– zo de la «nocturnidad»? Pueden darnos alguna luz ciertos episodios evangélicos: «¿Con quién -decía Jesús- podré yo comparar esta generación? La encuentro semejante a los grupos de muchachos, que enredando por las plazas, a lo mejor se echan en <':ara unos a otros: "Para vosotros hemos tocado alegremente la flauta, y os habéis quedado sin danzar; para vosptros hemos entonado aires fúnebres, y no habéis dado señal alguna de duelo" ... Vino Juan Bautista, que no comía ni bebía, y di– jeron: "Es un poseído o trastornado". Viene el Hijo del hombre, que come y bebe como otro cualquiera, y dicen: "Este es glotón y bebedor, amigo de publicanos y pecadores". Pero la Sabiduría de Dios queda justificada por sus obras» (Mt. 11, 16-19). Entonces dijo Jesús (al funcionario real de Cafarnaum): "Si no veis de continuo señales y prodigios, no hay quien os haga creer" (Jn. 4, 48). Y es que siempre podrán encontrarse razones para no entrar en la fe, si, por lo que sea, desagrada aquello que sería preciso aceptar. El epulón de la parábola, desde el infierno, pedía al patriarca Abraham que fuese Lázaro redivivo a predicar a sus hermanos. «Tienen ya a Moi– sés y los Profetas ... -¡No basta! Pero si alguno de entre los muertos fuese a ellos ...-Te aseguro que si no hacen caso de Moisés y los Pro– fetas, aunque un muerto resucite no se dejarán convencer» (Le. 16, 27-31). La Virgen respondió con la tristeza de su rostro a la mentada pre– gunta, porque a la base de ella, por parte al menos de' algunos, debía de estar una disposición nada clara ni recta. 18 Esta pregunta sí tuvo lugar en el éxtasis del día 8.

RkJQdWJsaXNoZXIy NDA3MTIz